Amancio López anuncia que 2018 será su último año al frente de los vecinos de Veriña

Amancio López. / A. FLÓREZ
Amancio López. / A. FLÓREZ

«Marcho con satisfacción al saber que hemos logrado avanzar mucho. Ahora toca que venga gente nueva a seguir luchando», asegura

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

En los últimos catorce años, los vecinos de Veriña han visto cumplidas muchas ilusiones. Capitaneados por Amancio López consiguieron el ansiado alcantarillado, sus calles se encendieron con alumbrado público y por fin disfrutan del paseo a la Campa de Torres. El sábado, en la asamblea anual de la asociación vecinal, su presidente anunció lo que ya llevaba un tiempo anticipando: este será su último año al frente de la asociación. «Dentro de un año termino la candidatura y no renuevo». A los vecinos aún les cuesta asimilarlo, pero la decisión de López es firme. «Ya llevo catorce años como presidente, más los que estuve antes en la Asociación. Ahora toca que venga gente nueva, con ilusión, y que luche un poco por ello», asegura.

En diciembre de 2016 renovó su mandato ante la falta de candidatos. «No quería que esto quedara a la deriva». Pero afirma que ya ha llegado el momento de echarse a un lado y ceder el paso a la savia nueva. Tiene ganas de seguir contribuyendo, pero desde fuera: «Ayudaré en lo que pueda, pero como vecino, al margen de la asociación». Y repite, convencido, que «es la hora de dejarlo».

Con la nueva sede vecinal a punto de terminarse, Amancio hace balance de sus casi tres lustros como presidente: «Marcho con satisfacción. Aunque no pude llegar a todo lo que quisiera, me voy contento». También aclara que «este año que me queda no voy a estar por estar. Voy a seguir funcionando como pueda para servir al pueblo».

Cuando comenzó en la asociación, recuerda, «no era fácil». «El pueblo estaba acostumbrado a tirar sin muchas cosas que no había y se necesitaban. Como el alcantarillado o el alumbrado público que faltaban en muchos caminos. En los últimos años «se trabajó muchísimo y se cumplieron muchas ilusiones». «Como cuando arreglamos el camino del cementerio», rememora. También se pusieron semáforos en el Cerillero, se mejoró el servicio de autobús y se arregló la capilla, «que estaba cayendo» y su acceso.

Catorce años dan para extraer muchas lecciones, que López delega en su sucesor. «Lo primero es tener voluntad». Se necesita, dice, «una directiva capaz, que se sepa hacer respetar y ser autocrítica si hay una bronca». Y recomienda «no andar cambiando siempre de gente». Conocer a cada uno, «saber su potencial y tener claro que todo el mundo es válido». Escuchar a los vecinos es otra de las claves para un buen mandato.

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