El anuncio de una moción de censura dispara la tensión y los reproches en el Grupo

Antonio Corripio. / E. C.

La directiva promueve expediente sancionador contra los componentes de la mesa moderadora que abandonaron la asamblea sin concluirla

E. C. GIJÓN.

Los críticos con la gestión de Antonio Corripio como presidente del Real Grupo de Cultura Covadonga, a través de su portavoz «que no dirigente», Melchor Fernández, han disparado la tensión y los reproches entre las dos facciones enfrentadas.

La oposición no plantea más objetivo, de momento, que destituir a Corripio, «porque ha demostrado que no vale», sin desvelar alternativa alguna, ni de personas ni de gestión, en unas hipotéticas elecciones anticipadas derivadas del triunfo de la moción de censura. La directiva grupista, por su parte, promoverá un expediente sancionador contra los componentes de la mesa moderadora que abandonaron la asamblea tras haberse postulado para tal cometido, por ser «una burla al club y a sus socios». Además, denuncian que hay intereses personales en los promotores de la moción y rechazan las acusaciones que recogerá la recogida de firmas.

Melchor Fernández anunció ayer formalmente a este periódico que el grupo que anteanoche abandonó la asamblea del Grupo promoverá la próxima semana una moción de censura para destituir a la actual junta directiva y convocar nuevas elecciones, sin garantizar una alternativa en cuanto a programa, modelo de gestión o posibles candidatos.

El procedimiento, según los estatutos y el reglamento del Grupo, se inicia con una comunicación de los promotores a la directiva o a los componentes de la mesa electoral, en la que tienen que explicar los motivos y pedir los impresos necesarios para proceder a la recogida de firmas, un mínimo del 5% de los socios de número, que estiman en unos 1.500.

Tres fueron los motivos apuntados por Fernández: la retirada del recurso ante el Supremo contra la fusión sin la retirada simultánea por parte de antiguos socios del Centro Asturiano del que provocó la sentencia que obliga a repetir los acuerdos desde 2011; la «deriva de la economía grupista» y la «fractura social».

Si los promotores de la censura consiguen las firmas necesarias, la directiva deberá convocar una asamblea, en el plazo de un mes, para tratar exclusivamente la destitución o no del presidente, para lo que será necesaria la conformidad de la mayoría de los presentes. Si se aprueba la censura, la misma asamblea convocará nuevas elecciones.

Antonio Corripio se mostró ayer «indignado» con los argumentos. Dijo que retirar un recurso que se iba a perder sólo sirvió para ahorrar gastos; que la anterior directiva salvaba los balances metiendo socios, cosa que a él no le dejan, y que la crispación está fomentada por los críticos, por intereses personales.

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