Aprender a vivir de nuevo

Cuatro gijoneses narran sus duras experiencias en el Día de las Víctimas de Tráfico | «Es necesario cambiar el Código Penal para que matar a alguien en un accidente no salga gratis», piden las familias

Marisa Solar, viuda de ‘Chinorris’, fallecido en la ‘Y’. /JOSÉ SIMAL
Marisa Solar, viuda de ‘Chinorris’, fallecido en la ‘Y’. / JOSÉ SIMAL
OLAYA SUÁREZGIJÓN.

«La vida te puede cambiar en cuestión de segundos. Una llamada de teléfono puede marcar un antes y un después, aunque pienses que nunca te va a tocar a ti...». Los accidentes de tráfico son la primera causa de muerte de jóvenes en todo el mundo y la segunda en personas adultas. Sólo en Gijón el año pasado fallecieron tres personas y hubo además 150 heridos, 41 de ellos de gravedad. Nadie está preparado para un quiebro así del destino. Tres familiares de fallecidos en carretera y un afectado por un grave siniestro cuentan sus duras experiencias personales. El martes se celebra el día mundial en recuerdo a las víctimas de accidentes de tráfico, aunque sólo suponga un día más para aquellos que sufren el vacío de la ausencia.

Marisa Solar Viuda de ‘Chinorris’

«Él murió y yo me salvé, la vida es así de dura a veces»

Marisa Solar, viuda de ‘Chinorris’, fallecido en la ‘Y’. 2016. José Julio García Heres, ‘Chinorris’, falleció hace justo un año en un accidente con su motocicleta en la ‘Y’, cuando regresaba de Oviedo de una concentración en recuerdo a las víctimas de tráfico. Su mujer, Marisa, resultó herida grave. Pide «acabar de una vez con los guardarraíles».
Marisa Solar, viuda de ‘Chinorris’, fallecido en la ‘Y’. 2016. José Julio García Heres, ‘Chinorris’, falleció hace justo un año en un accidente con su motocicleta en la ‘Y’, cuando regresaba de Oviedo de una concentración en recuerdo a las víctimas de tráfico. Su mujer, Marisa, resultó herida grave. Pide «acabar de una vez con los guardarraíles». / JOSÉ SIMAL

Aún no se ha recuperado de las lesiones físicas. Y las psíquicas tardarán en curar. Marisa Solar sufrió hace un año un accidente de motocicleta en la autopista ‘Y’ en el que falleció su marido, José Julio García Heres, ‘Chinorris’, tras una fatal caída en la que acabó impactando contra el guardarraíles. Su viuda, que resultó con graves lesiones, pide a las administraciones que «eliminen de una vez por todas los pivotes de los quitamiedos que cada año matan a cientos de motoristas». A ella le salvó la vida su propio marido. «Él impactó contra el pilar y yo contra él, fue lo que me libró de morir. La vida es así de dura a veces...», lamenta. Dentro de la tragedia se siente reconfortada por el «enorme cariño» mostrado por la familia motera. Más de 600 motos recorrieron Gijón en el cortejo fúnebre de ‘Chinorris’. Marisa estaba hospitalizada, pero no olvida el gesto en un momento tan duro. «Vino gente de toda España, les estoy muy agradecida». Dice que no le ha cogido miedo a la moto –«sé que a él le gustaría que siguiese vinculada al mundo de la moto», explica– y asegura sentirse peor ahora que las semanas siguientes al accidente. «Al principio estaba en shock, es ahora cuando lo estoy asimilando», dice. A su juicio, «falta una ayuda psicológica en los primeros momentos para enfrentarte a una cosa así, en el hospital me dieron muy buena atención médica, pero creo que debería haber psicólogos que ayuden en los primeros momentos».

Natalia Montes Madre de Kevin Sáez

«Ojalá ese día hubiese muerto yo y no mi hijo»

Kevin Sáez y su madre, Natalia Montes. 2006. Kevin Sáez tenía nueve años cuando murió en un accidente de autobús en el que regresaba de un campamento con el grupo de scouts de Pumarín. Hubo otros tres fallecidos y 29 heridos. Su madre, Natalia, reclama un cambio en el Código Penal que endurezca las condenas por accidentes de tráfico.
Kevin Sáez y su madre, Natalia Montes. 2006. Kevin Sáez tenía nueve años cuando murió en un accidente de autobús en el que regresaba de un campamento con el grupo de scouts de Pumarín. Hubo otros tres fallecidos y 29 heridos. Su madre, Natalia, reclama un cambio en el Código Penal que endurezca las condenas por accidentes de tráfico. / E. C.

Han pasado once años desde que el pequeño Kevin muriese en un accidente de tráfico en Lena cuando regresaba de un campamento con el grupo de los Scouts de San Miguel de Pumarín. Murieron otros tres jóvenes y 29 resultaron heridos. Su madre, Natalia Montes, asegura estar «muerta en vida desde aquel día» y exige que «se modifique el CódigoPenal para que matar a alguien en la carretera no salga gratis». El hombre que conducía el autocar fue condenado a dos años de prisión por cuatro delitos de homicidio imprudente. Ingresó en la cárcel por tener antecedentes y ya ha cumplido la pena. «Él está en la calle y cuatro personas ya no están entre nosotros», señala la madre, que considera que «aunque se aprenda a vivir con una pena tan grande nunca se llega a hacer vida normal como antes. Ojalá aquel día hubiese muerto yo y no mi hijo». Natalia es madre de otro niño, que nació poco después de la muerte de Kevin. «Es lo único por lo que luchar y seguir hacia adelante», asegura esta mujer, quien pide «más controles en las carreteras, de alcohol, de cinturón..., que matar a una persona no salga tan barato». El suceso que golpeó de lleno a la parroquia de San Miguel y al barrio de Pumarín ha sido uno de los más luctuosos de la historia reciente de la ciudad. Causó una profunda conmoción en el barrio y en la comunidad Scout.

Carlos Quiroga Víctima de accidente

«Estoy vivo porque un chico me hizo un torniquete»

Carlos Quiroga, con su perra ‘Linda’, en el Rinconín. 1989. Sufrió la semiamputación de una pierna en un accidente de moto en Puerta la Villa. Un coche giró en dirección prohibida, lo arrolló y se dio a la fuga. A día de hoy regenta un negocio de hostelería, esquía, anda en bici y lleva una vida normal gracias a las prótesis adecuadas.
Carlos Quiroga, con su perra ‘Linda’, en el Rinconín. 1989. Sufrió la semiamputación de una pierna en un accidente de moto en Puerta la Villa. Un coche giró en dirección prohibida, lo arrolló y se dio a la fuga. A día de hoy regenta un negocio de hostelería, esquía, anda en bici y lleva una vida normal gracias a las prótesis adecuadas. / P. CITOULA

Con 19 años sufrió un grave accidente de moto enPuerta la Villa que le provocó la amputación parcial de una pierna. A día de hoy regenta un negocio de hostelería, esquía, anda en bici y lleva «una vida normal». Pero todo, después de muchos sinsabores y de «muchos años de lucha con prótesis que no servían». Su calidad de vida cambió «radicalmente» cuando conoció a un profesional de Tres Cantos que le hizo ver que el dolor no tenía por qué acompañarlo a diario. Eso sí, previo pago de altas sumas de dinero. «La Seguridad Social paga una cuantía mínima, yo tuve la suerte de que mi familia me ayudó mucho económicamente desde el principio y con ello pude salir adelante y hoy tener mi propio negocio y una buena calidad de vida», dice. Quiroga anima a las personas que pasen por su misma situación a que «no se rindan y no se resignen a pensar que lo normal es vivir con una prótesis con la que camines un kilómetro y tengas que parar porque no aguantas el dolor». «La situación es muy complicada porque la solución casi siempre pasa por costearlo de tu propio bolsillo porque la Seguridad Social hace bastante poco por mejorar la calidad de personas con alguna amputación», lamenta. En su caso, el conductor del coche que le atropelló en la confluencia de la avenida de la Constitución –entonces Fernández Ladreda– con la avenida Schulz huyó dejándolo gravemente herido. «Estoy aquí gracias a que un chico que vio el accidente se quitó una prenda de su ropa y me hizo un torniquete en la pierna, da la casualidad de que me reconoció porque había sido alumno de mi madre. Le estoy eternamente agradecido».

Xana Benavente Madre de Mel Regueiro

«Perder a un hijo es un dolor indescriptible»

Xana Benavente, madre de Mel Regueiro, en la Plazuela. 2013. El niño Mel Regueiro tenía cuatro años cuando murió atropellado en un paso de peatones en La Calzada. Cruzaba en verde junto a su abuela. Su madre, Xana Benavente, es incapaz de definir la ausencia. «La muerte de un hijo es un dolor indescriptible, te quieres morir tú también con él», dice.
Xana Benavente, madre de Mel Regueiro, en la Plazuela. 2013. El niño Mel Regueiro tenía cuatro años cuando murió atropellado en un paso de peatones en La Calzada. Cruzaba en verde junto a su abuela. Su madre, Xana Benavente, es incapaz de definir la ausencia. «La muerte de un hijo es un dolor indescriptible, te quieres morir tú también con él», dice. / P. CITOULA

Mel Regueiro tenía cuatro años cuando lo atropellaron en La Calzada cuando cruzaba un paso de peatones con el semáforo en verde para los peatones. Un coche conducido por una mujer –condenada luego a dos años de cárcel– no respetó el color ámbar y arrolló al pequeño. Su madre, Xana Benavente, al igual que el resto de afectados por estas situaciones, pide un endurecimiento de las condenas para causantes de accidentes de circulación. «En la actualidad, acabar con la vida de otra persona está muy poco penado. En mi caso, mi hijo murió y la conductora que lo provocó no llegó ni a entrar en la cárcel, fue condenada a dos años de prisión pero al no tener antecedentes no llegó a ingresar en prisión», dice. «El dolor de perder a un hijo es algo indescriptible, es verdad que a medida que pasa el tiempo vas encontrándote un poco mejor, por lo menos ahora puedo hablar del tema, aunque tengo continuamente a mi hijo presente», explica. Xana ha tenido otros dos hijos. «El motor para seguir», asegura.

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