«Estamos aprendiendo a vivir sin él»

Los padres y hermanos de José Amián Paramés, ayer, durante la misa en San Pedro. / JORGE PETEIRO

«Sabemos que Dios bajó a salvarlos cuando cayeron desde ese ascensor para llevarlos a vivir a la eternidad», dijo la madre del jovenFamiliares y amigos recuerdan en San Pedro a José Amián y a su novia Belén Jordana

OLAYA SUÁREZ GIJÓN.

«Hace diecinueve años Pepe y yo celebrábamos nuestro matrimonio en esta misma iglesia; hoy volvemos con nuestros hijos a dar gracias por la vida de José y lo hacemos incluso con más fe que entonces». María Paramés, la madre del joven de 17 años fallecido en mayo en Madrid en el «incomprensible» accidente ocurrido en un ascensor -en el que también perdió la vida su novia Belén Jordana-, agradeció la asistencia de los muchos familiares y amigos que ayer compartieron en la iglesia parroquial de San Pedro la eucaristía de acción de gracias.

«Encontrarse con la muerte de un hijo rompe tu vida por completo. Los cristianos sufrimos el dolor como cualquier ser humano, todos los padres que tenemos un hijo en el cielo sabemos lo que es ese dolor», explicó María, quien recordó desde el altar antes del acto religioso a su primo Miguel, fallecido en 1976 a la edad de cinco años. «Estamos aprendiendo a vivir sin él, pero sabiendo que nos acompaña», añadió.

«Sabemos que Dios bajó a salvar a José y a Belén cuando cayeron en ese ascensor para llevárselos con él a vivir en la eternidad. Algún día nos encontramos con él, lo podremos abrazar y encontraremos las respuestas a nuestras preguntas», señaló María Paramés, muy serena y arropada por su marido, Pepe Amián, sus tres hijos y los muchos amigos y familiares que no los han dejado solos desde que en mayo su vida cambiase de un momento para otro.

«Tener fe no es ser insensible, es encontrar en mitad del dolor una puerta a la esperanza»

Se trata del primer verano sin José y los recuerdos de sus vacaciones estivales en Gijón se suceden. Sus jornadas de surf en San Lorenzo, los encuentros con sus primos en la casa de sus abuelos en Somió, los viajes a Tazones o el descenso en piragua por el Sella. «No nos hemos enfadado con Dios, lo aceptamos aunque no lo entendemos. Nuestro sueño ahora es, con el recuerdo de José, seguir viviendo y mantener nuestra familia feliz y unida. Nos hemos dado cuenta de que esta vida es muy corta y que a todos nos espera la eternidad, donde podremos volver a estar juntos y abrazar a José», explicaba su madre a EL COMERCIO.

La eucaristía estuvo oficiada por el jesuita gijonés Antonio Allende, delegado de Educación de la Compañía de Jesús en España, y por el párroco de San Pedro, Javier Gómez Cuesta. «Tener fe no significa ser insensible, es encontrar en medio del dolor una puerta a la esperanza», pronunció el jesuita.

José y Belén acababan de concluir sus estudios en el colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, en Madrid, centro al que estaban estrechamente vinculados. Murieron tras desprenderse parte del ascensor en el edificio de la joven. Se habían reunido con compañeros de clase el día en el que habían concluido los exámenes de fin de curso. Ayer, en Gijón, su segunda casa, recibieron el cariño de los muchos que los querían.

Temas

Gijón

Fotos

Vídeos