Mil árboles con nombre propio para el Monte Deva

Cientos de personas trasplantaron cerezos y robles en un área del Monte Deva. / PALOMA UCHA
Cientos de personas trasplantaron cerezos y robles en un área del Monte Deva. / PALOMA UCHA

Decenas de familias plantan robles y cerezos en el recién nacido bosque La Viesca la Olla

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Ha nacido un bosque y sus árboles tienen nombre propio. Sandra, Andrés, Sara, Nerea... Son cientos los niños -y adultos- que durante tres meses han regado y puesto al sol los esquejes que recibieron en Mercaplana para los que ayer encontraron un nuevo hogar en el Monte Deva. En una mano la pala, en la otra la maceta, los reforestadores de La Viesca la Olla recorrieron la ladera, buscaron un lugar propicio, cavaron, enterraron las raíces y pisaron satisfechos la tierra. Con la idea de supervisar la evolución de la plantación durante los próximos años, intentaban, además, fijar en la memoria el sitio elegido.

En total, se plantarán mil árboles de especies autóctonas que servirán para rescatar una zona anteriormente ocupada por eucaliptos. «Llevará tiempo, pero esperamos que los cerezos y robles engarcen y crezcan como en las otras dos viescas que reforestamos», confía Miguel Rodríguez Acevedo, responsable de actividades relacionadas con el medio ambiente en el Ayuntamiento. La iniciativa nació con la idea de «contagiar tanto a niños como a mayores de que necesitamos naturaleza». A todas luces, no hay mejor forma que implicarles directamente en su cuidado, ya que pese al mal tiempo «este año ha habido más participación que nunca». Se inscribieron 490 personas y otras tantas llegaron por su cuenta, animadas por la sensación de formar parte de algo importante. «No todos los días se contribuye a crear un nuevo bosque autóctono».

Trabajo en equipo

Con árboles como el cerezo que Nerea Pando, de cinco años, plantó con ayuda de sus padres, Arancha y Pablo, se sembró en los más jóvenes el respeto por el medio ambiente. «Es importante y además disfrutan mucho teniendo contacto directo con la naturaleza», aseguraban.

La pequeña Gabriela Díaz Calvo se acercó con sus abuelos. Entre los tres han cuidado «con mucho mimo» del palo que les dieron en Mercaplana. Y unos cuantos árboles más abajo, los hermanos Andrés y Sara Ardura compensaban la mala suerte del año pasado -«se nos murió el árbol», confesaban apesadumbrados- con dos esquejes muy bien cuidados que trasplantaron bajo la atenta mirada de Luis, su padre, quien afirmaba: «Siempre recordarán que ayudaron a reforestar un bosque».

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