«Arturo era montaña, fue su vida»

«Arturo era montaña, fue su vida»
Compañeros del grupo de montaña que presidía el fallecido, Arturo Larroza. / JOAQUÍN PAÑEDA

El gijonés Arturo Larroza falleció el sábado al precipitarse del pico Vigueras

AIDA COLLADO GIJÓN.

«La montaña fue su vida, en ella fue feliz y en ella falleció». Es la frase elegida por quienes querían al montañero gijonés Arturo Larroza para encabezar su esquela. La misma que ayer repitieron, una y otra vez, los compañeros del grupo de montaña que presidía, el San Nicolás, a su paso por el tanatorio. «Arturo era montaña», insistían sin entender lo sucedido. La investigación apunta a una caída desde el Pico Vigueras, en Peñamellera. En época de deshielo, reconocen, «es fácil que el terreno ceda». «Puede pasarle a cualquiera», conceden. Y todo apunta a que el suelo desapareció bajo sus pies. La autopsia, de hecho, confirmó ayer que sus lesiones eran compatibles con la caída. Y, a pesar de todo, sigue costándoles creer que algo así pudiese acabar con la vida de Larroza, «el hombre con el paso más firme» que conocían y un «obseso de la seguridad».

Ante un accidente de este tipo, poco se puede hacer. Y ese poco Larroza lo conocía a la perfección. Notablemente afectado, el vicepresidente del grupo San Nicolás, José Luis Fernández, recordaba ayer en el tanatorio de Cabueñes, que fue «Arturo quien me enseñó cómo actuar si me ocurría algo así». Sus órdenes, ante estas desgraciadas caídas, eran «abrir las piernas, para intentar frenar con algo, aunque duela. Estoy convencido de que hizo todo lo que pudo». Miembros de su grupo explican que cuando se encuentran en zonas de tanta pendiente como la que recorría Larroza, los montañeros que se desestabilizan -ya sea porque cede el suelo bajo sus pies, porque tropiezan o porque dan un paso en falso- solo tienen unos pocos metros para intentar encontrar algún tipo de sujeción, antes de rodar a una velocidad que, en muchos casos, convierte la caída en un trágico accidente.

«El grupo que presidía es, en realidad, un teléfono al que él siempre contestaba»

Los miembros del San Nicolás se preguntaban ayer por el futuro del grupo sin Arturo, su alma máter. Era su proyecto más personal, aquel en el que se había volcado desde su fundación, en 2003, y que presidía desde hace doce años. Lo hacía con mano de hierro, «priorizando siempre la seguridad de aquellos que subían al monte con él». Por eso, «absolutamente nadie podía dar un paso sin que antes él mismo lo hubiese comprobado». Y en este aspecto, cuentan, no aceptaba medias tintas: «Si vienes conmigo, es con mis normas», dicen que siempre advertía, aunque eso le llevase a discutir con otros experimentados montañeros.

Ayer recordaban su pasión por la montaña asturiana con nostalgia. Por fidelizar a nuevos aficionados, lo que le llevó a «contemplar a cualquier crío que subiera al monte con nosotros, para que no se aburriese y repitiera». Lo que le llevó, también, a compartir con sus amigos -«la única vez que se refirió al asunto»- el deseo de que, tras su muerte, le rindiesen homenaje en su pico favorito, el de Sen de los Mulos. Ahora, ellos no saben cuál será su próximo paso. El grupo, además del hueco que les hizo el párroco de El Coto, Fernando Fueyo, para que pudieran disponer de una sede, «era solo un teléfono, al que siempre contestaba Arturo», reconocía su vicepresidente.

Último adiós

El funeral se oficiará hoy, a las seis de la tarde, en la iglesia parroquial de San Nicolás de Bari, en El Coto. Larroza, de 68 años y con dos hijos, había desaparecido el sábado por la tarde, mientras rastreaba una ruta de Peñamellera. Fue encontrado la mañana del domingo, en la cara noroeste del pico Vigueras, ubicado entre las localidades de Oceño y San Esteban de Cuñaba.

La voz de alarma la había dado su compañera, Mari Carmen Fernández, con quien estaba revisando la ruta. En determinado momento, según narró ella, Larroza decidió subir solo a la peña para señalizar mejor el camino. Horas después, al ver que no regresaba, decidió dejarle un mensaje sobre el terreno, avisándole de que le esperaría en el coche. Una vez en el vehículo, su preocupación fue en aumento, hasta que a las 19.53 decidió avisar a las autoridades. Entonces, se puso en marcha un amplio dispositivo de búsqueda, del que formaron parte bomberos del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA) de los parques de Cangas de Onís y Llanes, así como su Grupo de Rescate de Bomberos, a bordo del helicóptero medicalizado, y el Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil con base en Cangas de Onís. A la mañana siguiente se les unieron la Unidad Canina y varios vecinos. No tardó en conocerse el triste desenlace.

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