«En Asturias cae un hórreo al día a pesar de que son parte de nuestro patrimonio»

En Asturias cae un hórreo al día
Juanjo Arrojo / ARNALDO GARCÍA

El fotógrafo Juanjo Arrojo sitúa en las herencias compartidas una de las principales causas del abandono

EUGENIA GARCÍAGijón

A lo largo de más de tres décadas de viajes por todos rincones del Principado armado con su cámara, el fotógrafo Juanjo Arrojo (Turón, 1950) ha configurado todo un estudio etnográfico de Asturias. Su arte, su paisanaje y por supuesto el hórreo, una construcción tradicional sin la cual no cabría entender el paisaje asturiano, pueblan el portfolio de este fotógrafo autodidacta afincado en Gijón. Este miércoles, impartió una charla organizada conjuntamente por el Ateneo Jovellanos y el Ateneo Obrero de Gijón bajo el título ‘Hórreos, cabazos y paneras’.

En la charla, Arrojo mostró una selección de algunas de sus fotografías y explicó las características, usos y estilos de estas edificaciones de arquitectura popular que muchas veces se ven relegadas al olvido. «Como fotógrafo tengo mucho material de Asturias y, entre ello, muchísimos hórreos», comentó a EL COMERCIO. Con la idea de aprovechar ese archivo, «surgió la opción de dar una conferencia para que la gente conozca este tipo de construcción y cuando vaya por los pueblos no lo vea como un mueble, sino como patrimonio nuestro que tiene muchos años y un gran valor», sostuvo.

Según recordó, hórreos, paneras y cabazos existen desde hace siglos –«ya en las Cantigas de Alfonso X se habla de paneras»– y tienen una gran variedad estilística. «Hay hasta cinco tipos distintos de cubiertas y tres estilos decorativos: El estilo de Allande, el estilo Carreño (que también está en Gozón, Candás y Gijón) y el estilo de Villaviciosa», enumeró.

'Panera vivienda' en Laviana

Pero parece que la falta de conservación los condena a derruirse. «En Asturias cae un hórreo al día», lamentó Juanjo Arrojo, quien durante sus paseos por los concejos ha visto «verdaderos desastres de conservación». Recuerda el anecdótico caso de una panera en Laviana, dividida en cuatro partes, que tenía una vivienda construida en una de ellas. «¿Cómo dejan hacer eso en una panera de 250 años?», se preguntó.

«Hay algún particular que arregla, y parece que la consejería está dando subvenciones, pero no es suficiente», sostiene. «En muchos casos, la Administración no puede hacer gran cosa porque los hórreos tienen varios propietarios que no se ponen de acuerdo para restaurarlos, con lo que al final terminan cayendo construcciones que tienen entre doscientos y trescientos años y son parte de nuestro patrimonio», expone.

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