'Dirty Dancing' llena el Jovellanos en Gijón

‘Dirty dancing’ sube al escenario a un elenco de una veintena de intérpretes. Hay música pregrabada y también cuatro músicos en directo / PAÑEDA

El musical ‘Dirty dancing’ llena de música y coreografías sensuales el Jovellanos. Quince funciones están programadas hasta el domingo 20

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Amor, música y baile. El cóctel es perfecto y no falla.En pantalla grande y sobre las tablas de un teatro. ‘Dirty Dancing’ se estrenó ayer con lleno en el Jovellanos para quedarse hasta el domingo próximo y ofrecer de aquí a allá quince funciones más con las que propiciar una fiesta por todo lo alto en el patio de butacas. Porque más allá de la historia de amor de Johnny y Baby, a los que dan vida Fanny Corral y Christian Sánchez, el show se mueve entre coreografías sensuales, vitales y visuales que enganchan la mirada y temas musicales que son auténticos clásicos que invitan, incluso en la butaca, a mover los pies, a chascar los dedos, a hacer de coro improvisado al son de una historia sobradamente conocida por obra y magia del séptimo arte. «Ese ha sido el reto. La película pesa mucho», afirmaba Christian Sánchez antes de salir a escena y sabedor de que todos buscan en él a Patrick Swayze.

Pero de ese peso del pasado han hecho virtud en un musical que es respetuoso al extremo con la película y que se sirve de su banda sonora al completo con alguna incorporación que busca, como el resto de cambios introducidos por la guionista Eleanor Bergstein, acercar la historia a la época en la que se desarrolla, que no es otra que la de la lucha por los derechos civiles.

No es un musical convencional. Los protagonistas no cantan, sino que actúan y protagonizan un auténtico maratón de baile al son de temas grabados y de la música en directo de contrabajo, trompeta, saxo y batería y las voces de dos cantantes.

Treinta años después de que la película causara auténtico furor, el filme nunca ha dejado de estar vivo, por eso las tablas rescatan ahora con notable éxito la historia de la joven Frances que llega con sus padres a un lujoso hotel y descubre la vida misma con el baile como compañía y con la indispensable ayuda del guapo de Johnny Castle.

Desde que 2004 se estrenara el musical inspirado en la película, se ha dejado ver por un sinfín de escenarios de medio mundo, hasta su llegada a España, donde ahora gira con escala asturiana incluida.

Durante las dos horas y cuarto de función hay tiempo para mirar, ver, reír y sufrir, pero sobre todo para gozar con temas como el más esperado de todos, ‘The Time of my Life’, con salto final incluido, y otras músicas imprescindibles que firman nombres tan míticos como The Drifters, Marvin Gaye, Ottis Ready, Cole Porter... Boleros, chachachás, incluso el folk se asoman a un espectáculo tremendamente enérgico y energético, que mete al público en una fiesta vibrante en la que apenas hay tregua y de la que disfrutan por todo lo alto los fans de la película y los que no lo son. «La verdad es que es un musical que tiene muchos fanáticos detrás», explica Christian Sánchez con el benepático de Fanny Corral, que es estos días Baby Houseman y para quien estar en este musical es «una oportunidad divina y un reto».

Lo dice Baby: «Dirty Dancing’ marcó una época», y hoy se mira con ojos renovados en un escenario que va plasmando los mismos espacios en los que se desarrollaba la mítica película a través de tres giratorios que van componiendo los diferentes sets por los que transita un elenco formado por una veintena de artistas. El espectáculo es un no parar: de canción en canción, de coreografía en coreografía, hasta llegar a ese momento culminante, a ese salto final que todo el público espera, ansía, desea. Y que siempre sale bien. Ayer no fue una excepción. «Cuando empezamos con los ensayos había una cosa muy clara: el salto tiene que salir bien sí o sí», explica Fanny Corral. Y es que, al final, a ese instante se reduce todo, el momento en el que Johnny Castle alza a Baby a lo más alto, triunfa el amor. Y de eso se trata. De que el público se vaya a su casa con el ritmo contagioso del ‘Do you love me’ en el cuerpo y ganas de bailar. Anoche en el Jovellanos funcionó el conjuro y triunfó el amor. El público lo declaró con ovaciones y puesto en pie.

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