Batalla de insultos entre defensores del toro y taurinos

Los antitaurinos recibieron con megáfonos, silbatos y gritos a todos los aficionados. / ARNALDO GARCÍA

La Policía logra que la manifestación ante El Bibio se salde sin actos violentos | Xixón Sí Puede considera que la plaza no cumple el reglamento que regula la tauromaquia y planteará de nuevo su cierre

RAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

Las pasiones encontradas que desata el toreo se citaron ante El Bibio. Un batallón de antitaurinos, manos pintadas de rojo, silbatos para la bulla, se apostaron para vociferar a quienes accedían al coso. «Paletos». «Asesinos». «Menos tortura y más cultura». «Esta es la vergüenza nacional». «Deja el toro y métete conmigo». Eran cerca de dos mil, según la Asociación Nacional Animales con Derechos y Libertad (Anadel), cálculo que el Cuerpo Nacional de Policía rebajaba a «entre ochocientos y mil». El rechazo a las corridas goza de buena salud. «La primera vez que vinimos, hace once años, no éramos más de una docena», recordaba Fernanda Blanco, portavoz del colectivo.

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La movilización sigue siendo inferior a la entrada de la Feria de Begoña, con cerca de 5.000 asistentes estos días. Los aficionados, al verse increpados, reaccionaron. Hubo quien se envalentonó y desfiló camino de El Bibio lanzando besos, peinetas, mostrando las entradas o, directamente, marcándose verónicas dedicadas a la muchedumbre. Otros descargaban su enojo a los agentes. «No hay derecho a que a uno le griten cien veces asesino. A mi no me gusta el fútbol pero no quiero que tiren El Molinón; entiendo que esta gente se manifieste donde quiera, pero no aquí», lamentaba Gonzalo García.

A todos los fueron aplacando unos agentes al quite. Con cinco vehículos antidisturbios desplegados para reforzar el cordón policial, a cada aficionado que se venía arriba lo conminaron a seguir su camino «sin entrar en provocaciones», y vigilaron. Esta vez el evento se saldó sin incidentes ni identificados, en parte por la decisión de alejar a la otra acera las barreras de contención, de modo que unos y otros se veían, gritaban, pero tenían una decena de metros y una hilera de uniformados de por medio.

Al inicio de la marcha Xixón Sí Puede anunció una nueva baza legal que «puede ser la piedra angular del cierre de las corridas», aventuró el edil David Alonso. Siguiendo el criterio de Anadel, el partido sospecha que El Bibio no cumple ciertos parámetros del Real Decreto que desde 1996 regula los espectáculos taurinos. El texto marca que las plazas «dispondrán de un mínimo de ocho chiqueros», y «un patio de caballos, dedicado a este exclusivo fin». Los críticos sostienen que en Gijón no hay más de cuatro establos y los caballos están en el exterior al carecer de espacio.

Versión municipal

La denuncia fue respondida el 25 de julio por el arquitecto municipal, quien considera que sí se cumple el reglamento. «No nos vale la explicación, no dice nada, vamos a exigir nuevas aclaraciones en septiembre; estamos hablando de que si el Ayuntamiento sabe que no cumple y lo permite, sería un posible delito de prevaricación», advirtió Alonso.

La manifestación contó con banderas de su formación, IU, Equo, asturianistas, pancartas pacifistas, niños, ancianos y gente diversa. «Es verdad que tenemos que comer, pero matar por diversión me parece muy mal», anotaba Dolores Jiménez, vecina de Pumarín de 77 años. «Tengo tres gatos, a los animales hay que darles amor; yo por ejemplo me estoy haciendo vegetariano, hace cuatro días que no pruebo carne», confiaba Omar Manuel, de 18 años. «Estoy aquí porque defendemos la vida del toro y es una tortura lo que le hacen», afeaba Marta Cueva, vegana como su hija de siete años.

La tauromaquia «es legal en este Xixón donde los taurinos se rasgan las vestiduras cuando son otros los que matan en nombre de su propia cultura», cuestionó Mónica Terán en la lectura del manifiesto con el que terminó la protesta. Al otro lado de la valla, puro en mano y tirantes, Carlos Muñoz y Alexander San José, gijoneses de 28 años, observan con curiosidad las recriminaciones a su devoción. «Esos tampoco son unos santos, matan hormigas y arañas, que tendrán el mismo derecho de vivir; yo vengo porque aquí veo valentía y arte», aseguraban.

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