Una biografía impregnada de mar

Luis Antonio García, en su casa en Cudillero. /DAMIÁN ARIENZA
Luis Antonio García, en su casa en Cudillero. / DAMIÁN ARIENZA

Luis Antonio García entró el día 31 de octubre en la reserva de la Armada tras pasar por la marina de pesca, mercante y de guerra

E. C.GIJÓN.

Luis Antonio García inició el 1 de noviembre una nueva etapa en su vida al pasar a la reserva de la Armada y dejar, a petición propia, el puesto de segundo comandante naval de Gijón, que venía desempeñando desde octubre de 2015, si bien con anterioridad había estado ya entre 1999 y 2003 en el mismo puesto. Cambió el uniforme por la enseñanza, pero lo que no ha cambiado, prácticamente desde su nacimiento, es la vinculación a la mar, en muy distintas facetas.

Nacido en Cudillero en 1957, Luis Antonio García es hijo de pescador y llegó a la Armada desde la marina mercante. A bordo de barcos de pesca recorrió el litoral asturiano y a bordo de cargueros y buques de guerra la práctica totalidad de los mares del mundo, aunque es el Atlántico el océano que mejor conoce su historia. Los primeros golpes de mar en el pesquero de su padre marcaron su forma de pensar en dos sentidos: por una parte, no tardó en llegar a la conclusión de que la pesca no es la mejor manera de satisfacer una vocación marinera; por otra, la admiración y solidaridad con unas personas que salen diariamente a la mar para realizar un trabajo muy duro y sin saber si van a poder llevar el pan a casa porque no tienen sueldo fijo.

Familia:
cuando accedió a la Armada, con 29 años, ya estaba casado y tenía un hijo, al que luego le nacería una hermana. No continuarán la vocación marinera, ya que ambos se vinculan al turismo.
Aficiones:
le gusta la docencia, que será su nueva actividad, aunque ya cuenta con alguna experiencia en la Escuela de Especialidades Fundamentales de la Armada, en Ferrol, y todo lo relacionado con estadísticas pesqueras, estado de los caladeros y similares.
Carácter:
aunque pasó más de 30 años en la Armada, cambiar de actividad nunca le asustó y, antes bien, se define jocosamente a sí mismo como «culo inquieto».

Luis Antonio García decidió matricularse en la Escuela de Náutica de Gijón cuando el centro todavía no era oficial y había que examinarse en Bilbao si no se aprobaba a la primera, cosa que, en su caso, no le obligó a realizar ningún viaje. Eran tiempos de fácil embarque, pero no muy propicio para algunas navieras, y la que lo contrató resultó embargada por el banco que la financiaba. Hasta entonces, el marino había tenido ya la oportunidad de recorrer gran parte de la costa este americana, los grandes lagos y el Norte de Europa.

Había llegado el momento de cambiar de rumbo, pero siempre con la mar cerca, en una empresa dedicada a controlar en El Musel la calidad de los productos siderúrgicos que se embarcaban para la exportación. La experiencia le sirvió incluso para promover una empresa propia, junto a otros dos socios, pero Luis Antonio García volvió a sentir la llamada de la mar cuando supo que podía entrar, por oposición, en la Armada.

Seis meses en la Escuela Naval de Marín y un año a bordo del destructor 'Blas de Lezo', unidos a la experiencia anteriormente acumulada en la marina mercante, bastaron a Luis Antonio García para convertirse en oficial de la Armada e iniciar una larga carrera militar que se interrumpió para siempre, salvo que se produzca una improbable llamada de reservistas, el pasado 31 de octubre.

La Armada, dice Luis Antonio García, «es una gran familia en la que te sientes muy arropado». Aunque no fue su preferencia inicial, confiesa que siempre estuvo en su cabeza como opción; dice socarronamente que con la disciplina ya estaba familiarizado tras estudiar en el colegio San Luis, en Pravia, y asegura que, si tuviera que cambiar alguna pieza de su biografía, probablemente accedería a la Armada desde el principio, aunque tampoco se arrepiente de nada de lo hecho. El único inconveniente de su paso por la marina de guerra fue la forzada movilidad de su familia, en función de cada destino, y el mejor premio, a bordo del 'Serviola', el acompañamiento de las tres carabelas, en reproducción del primer viaje de Colón a América, durante la conmemoración del quinto centenario. A partir de ahora, la enseñanza en la Escuela de Marina Civil será su nueva ocupación.

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