Boni Arias, el líder gijonés de la lucha por las pensiones

Boni Arias, presidente de la Asociación de Pensionistas de Gijón./DANIEL MORA
Boni Arias, presidente de la Asociación de Pensionistas de Gijón. / DANIEL MORA

Antiguo minero y carpintero, el presidente de la Asociación de Pensionistas acumula décadas de activismo

ÓSCAR PANDIELLOGijón.

En tiempos de crisis y de recortes en servicios públicos, uno de los colectivos que más está levantando la voz es el de los pensionistas. Al frente de esta causa, y demostrando que la lucha social no es cuestión de edad, se encuentran las distintas asociaciones que el pasado jueves tomaron las calles del país reivindicando «compromiso y dignidad» ante la precaria situación de muchos mayores. A nivel local, al frente la Asociación de Pensionistas de Gijón (APG) se encuentra Boni Arias (Teverga, 1944), cuya vida ha estado ligada a la lucha social desde sus inicios en el mundo laboral.

«Entré en la mina muy joven, fue en Hullasa. Estuve cuatro o cinco años pero, con el tiempo, decidí dejarlo para venirme a Gijón. Era un trabajo muy duro y tuve casos cercanos de muerte por silicosis», rememora Arias. Con apenas veinte años, por tanto, se instalaría en la villa de Jovellanos, una ciudad que le acabaría maravillando con el paso de los años. De primeras, se enroló en el taller de carpintería Herrera y Berán, donde comenzó a luchar por los derechos de los trabajadores a través de Comisiones Obreras. «Fuimos los segundos de Asturias en empezamos a trabajar con el sindicato después de los mineros La Camocha», añade Arias.

Después de 27 años en la empresa, en los que primó un buen ambiente con los empresarios «en el que las dos partes ganamos», Arias montó junto a un socio uno de los primeros talleres de ventanas de PVC de Asturias. Prejubilado a los 60 y jubilado definitivamente a los 65, por su cabeza nunca pasó la posibilidad de desligarse del todo de la lucha social.

Aunque siguió afiliado a Comisiones Obreras –fue secretario general de Corcho y Madera a nivel regional durante muchos años–, se distanció un poco de la causa sindical por la deriva de las políticas del partido, «en las que las directrices comenzaban a venir de Madrid y poco espacio cabía para las asambleas y las decisiones locales». Fue entonces cuando fijó su mirada en la Asociación de Pensionistas de Gijón, atendió a su actividad y barajó la posibilidad de afiliarse. «Lo que vi me gustó. Yo soy partidario de la democracia plena y cuando di el paso me acogieron muy bien», argumenta el tevergano.

Esta cultura asamblearia le sirvió para acoplarse a la perfección en la organización –presidida en ese momento por Arturo Monteserín– y colaborar en las distintas tareas: desde aunar posturas con sindicatos y asociaciones hasta definir el plan de acción unitario entre todos los agentes encargados de defender el sistema público de pensiones.

«Es por la dignidad»

Con el paso de los meses, Arias llegó a ser secretario de la organización en 2016 y el pasado año relevó a Monteserín como presidente de la entidad. Las dos palabras que más repite para hablar de esta época son ‘lucha’ y, sobre todo, ‘unidad’. «Lo bueno de esto es que, seas del color político que seas, aquí esto queda a un lado. Luchamos por la dignidad de las personas», argumenta.

Por ello, las miles de personas que abarrotaron el pasado jueves las calles de Oviedo supusieron un hito «emocionante». Pese a la gran muestra de fuerza y los compromisos conseguidos, «todavía queda mucho por hacer». «La subida de las pensiones tiene que ser equiparable al IPC, hay que defender el derecho a un sistema público de calidad y se tiene que igualar la pensión mínima al Salario Mínimo Interprofesional. Eso son los caballos de batalla que tenemos por delante», concluye.

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