Borracheras por menos de diez euros

Los controles de la Guardia Civil, durante la noche del sábado. / D. A.
Los controles de la Guardia Civil, durante la noche del sábado. / D. A.

«Cogemos una botella para dos personas, como mucho para tres. Se bebe desde las seis, comes algo y, cuando llegas a casa, los padres ni lo notan», dicenPese a la ley que lo prohibe, los menores compran y consumen sin trabas vodka, ron o ginebra desde los catorce años

GIJÓN.

Uno de cada cuatro jóvenes se emborrachó en el último año y, para ello, fue suficiente un presupuesto inferior a diez euros, una cantidad que da acceso a las bebidas de peor calidad del mercado. Vodka de colores violeta, azul o caramelo a 4,80 euros, ron a 5,77 o ginebra a 4,48 son algunas de las botellas que pueblan las estanterías de los supermercados.

«Compramos una botella de vodka para dos personas, como muchísimo para tres», cuenta un grupo de menores gijoneses sobre sus hábitos de consumo de cara al botellón. «Si queremos beber vodka bueno, ponemos siete euros», explican. «Gastamos entre cinco y diez euros, depende de lo que quieras beber», apunta otra menor de Langreo.

«Compramos bebidas alcohólicas para poder emborracharnos sin tener que pagar un riñón en los bares o tascas. Con lo que pagamos por cuatro copas, unos veinte euros, podemos comprar una botella entera y su correspondiente refresco», cuenta un gijonés de dieciséis años. «Vas al supermercado y lo que haya de alcohol. Se bebe de todo, calimocho, ron, ginebra, vodka, 'kendal', que es un combinado de vodka blanco, refresco de naranja y zumo de algo rico...», recalca otra joven. Todos ellos, menores, prefieren mantener el anonimato.

La media de edad de inicio al consumo de alcohol en Asturias es de 13,9 años, la más baja de todas las drogas. La de las primeras borracheras, los quince años. Detrás de estos datos se esconde una baja percepción del riesgo que entraña el alcohol, la sustancia tóxica que los jóvenes consideran menos nociva.

«El término droga y su definición no es algo que esté presente. Todos los que se habitúan a beber en una fiesta esperan ansiosos el momento de consumir más alcohol. Con el tiempo se convierte en el 'si no bebo, no me divierto'», cuenta el joven de dieciséis años.

Atracones de cinco copas

'Babybotellón' es el término con el que se conoce a la generación que forma parte de ese círculo desde edades tempranas. Una de las caras del fenómeno es el 'binge drinking' o atracón de alcohol, consumir cinco o más copas en un corto espacio de tiempo. Un 38,7% reconoce haberse 'atracado' en el último mes, según la encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundaria (ESTUDES), elaborada por el Ministerio de Sanidad en 2016.

«Hay gente que presume de llegar al coma etílico», dice una alumna de segundo de la ESO. Tiene trece años y cuenta que chavales de su edad «empiezan a beber a las seis. Luego comen algo y cuando llegan a casa los padres ni lo notan». «Tengo alumnos brillantes que salen los domingos solo para emborracharse, de cuatro de la tarde a diez de la noche. Es su diversión», constata una profesora de Secundaria.

Los datos continúan. Un 40% de los menores dice tener acceso directo a bebidas etílicas. Desde 2010, la disponibilidad percibida disminuye en todas las drogas a excepción del alcohol. Con una ley que en Asturias prohibe tanto la venta como el consumo en menores, más de un 90% de los chavales considera que es relativamente fácil o muy fácil hacerse con bebida. «Depende de dónde compres y la edad que aparentes», cuenta una de las menores. «En bares es bastante fácil. En las carpas de las fiestas más fácil todavía y en supermercados también. Si ven que el grupo va a gastar cien euros o más, como que hacen la vista gorda», añade la chica de trece años.

A pesar de que la normativa exige la presentación del carné de identidad para realizar la compra, solo en un 13,2% de los casos se pide, según un estudio elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). En 2009, esta entidad realizó un experimento en seis ciudades españolas. Los menores participantes en la prueba visitaron 144 establecimientos hosteleros y comercios. Solo en diecinueve les preguntaron la edad y en veinte les pidieron el DNI antes de venderles alcohol. Actualmente, la OCU trabaja en una actualización del estudio, cuyos resultados se harán públicos en un par de meses.

«Trabajé en bastantes bares de copas y en la barra casi nunca se pide el carné. Solo en la puerta los de seguridad lo miraban alguna vez», explica Sara Martínez. «En las tiendas no se controla, a veces nos intercambiamos los carnés y ni nos miran la cara», explica un joven de quince años. «En fiestas de prau ya tienes que parecer muy muy pequeño para que no te lo vendan. En supermercados, desde mi punto de vista, está más controlado, pero aún así, en un despiste del encargado, es la ocasión para poder adquirirlo», dice el chico de dieciséis.

Para salvar la prohibición, los adolescentes acuden a 'correos', jóvenes mayores de edad a los que piden que efectúen la compra. «El fin de semana pasado un par de chicas, tendrían unos quince años, me abordaron en el pasillo del supermercado para que les comprase vodka, iban a una verbena. Me dieron pena porque me recordaron a mí a su edad. Cogí el dinero y se lo compré», cuenta Lucía Fernández , de veinticinco años. Los adultos que compran alcohol a menores se exponen a la misma multa que bares y comercios. Desde los 600 euros hasta los 10.000. No obstante, la ley asturiana califica como «infracción leve» suministrar bebidas alcohólicas o facilitar su compra y dispensación a menores si el 'correo' es «un menor de 21 años (...) amparándose en su mayoría de edad, por razones de amistad». Las infracciones leves se sancionan con una multa de 600 euros.

El alcohol engorda

La cultura de tolerancia al alcohol por parte de los adultos se reproduce en los jóvenes. Asturias fue la última comunidad española en elevar la edad de consumo de los dieciséis a los dieciocho años. Ocurrió en marzo de 2015. Desde la Consejería de Sanidad apuntan que aún es pronto para observar los cambios introducidos por la ley. No obstante, ante las «prevalencias de consumo elevadas», el Principado puso en marcha en marzo un proyecto pionero para detectar casos en las consultas de Pediatría. A los diez y los trece años, coincidiendo con las revisiones obligatorias en Atención Primaria, los pediatras pueden interrogar a los menores sobre su frecuencia de consumo, así como el de su grupo de amigos. Si el médico lo considera, sin que los padres estén presentes.

En el ámbito escolar, la Consejería de Educación ofrece a los centros dos nuevas asignaturas optativas relacionadas con hábitos saludables. Las materias se impartirán -en los institutos que las soliciten- en primero y segundo de la ESO a partir de septiembre. Desde hace varios cursos, los centros educativos ya abordan los peligros del consumo de alcohol «de forma transversal»: sesiones de trabajo enmarcadas en el Plan de Acción Tutorial, charlas a cargo de la Policía Nacional o lecciones específicas en asignaturas como ciencias naturales. «En las tutorías ves mucho falso mito. Una de las cosas que más les sorprende es que el alcohol engorde», señala Clara Fernández, tutora este curso de alumnos de tercero de la ESO.

Con todo, el consumo de alcohol entre los menores asturianos evoluciona desde 2008 de forma irregular. En el ESTUDES correspondiente a ese año, un 78,6% de los adolescentes reconocía haber bebido en el último año. En el siguiente bienio, el dato bajó hasta el 77,1%, para repuntar en 2012 al 85,7%. Los datos más recientes sitúan la incidencia en el 78%, prácticamente la misma cifra que hace una década.

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