«Hubo menos botellón, aunque todavía queda mucho camino para erradicarlo»

Varios grupos de personas disfrutan de la verbena del sábado en Castiello con bolsas y botellas de alcohol a sus pies .
Varios grupos de personas disfrutan de la verbena del sábado en Castiello con bolsas y botellas de alcohol a sus pies . / DAMIÁN ARIENZA

La comisión de festejos de Castiello valora que ningún menor ingresase por intoxicación etílica «pese a haber recogido 300 garrafas vacías»

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

En el cartel de este año, Castiello presentó como invitados de honor a sus fiestas a Mortadelo y Filemón, que se acercaron al Principado para llevar a buen puerto una 'misión antibotellón'. El objetivo, reducir al mínimo las bolsas repletas de botellas de alcohol, que anualmente se traducen en pérdidas para los organizadores y en un peligro para la salud pública de los más jóvenes. Así, después de cuatro intensas jornadas, los festejos de la parroquia dejaron un balance desigual: el ambiente fue animado y distendido durante todas las verbenas pero la misión de los dos agentes secretos resultó fallida. El botellón volvió al prau de la fiesta un año más pese al llamamiento de la comisión de festejos, un hecho que queda patente cada mañana a la hora de recoger los restos de la verbena. «Que la gente sigue viniendo con su alcohol de casa es evidente. Esta mañana recogimos al menos 300 o 400 garrafas de cinco litros vacías. Con eso queda todo explicado», relató ayer José Ramón Suárez, presidente de la comisión de festejos.

La lectura, sin embargo, es positiva en otros aspectos. Así lo asume Suárez, que durante estas fiestas ha apreciado «menos botellón que otros años, aunque el camino que queda por delante todavía es muy largo». Respecto a los excesos con el alcohol, el balance también ha sido positivo en estas fiestas. «Parece ser que ningún guaje acabó ingresado por beber sin control. Es lo mínimo y lo que queremos seguir contando para el año que viene», añade el presidente de la comisión. En este sentido, el trabajo de la entidad vecinal estará enfocado a concienciar a los jóvenes de que las fiestas no se pueden sostener sin la colaboración de los asistentes.

La noche del sábado fue la más concurrida. Miles de gijoneses acudieron a la parroquia para disfrutar de la música del Grupo Cayenna y Havana Eventos. Y, en esta ocasión, también de la ausencia de lluvia y de las templadas temperaturas. Ya desde el ocaso, la Guardia Civil y la seguridad privada tomó posiciones en los accesos al prau, registrando vehículos y controlando el tráfico. «En la rotonda de abajo me cachearon tres veces antes de coger la cuesta. Hoy sí que se pasaron», lamentaba uno de los jóvenes que acudió a la fiesta.

«En la entrada me cachearon tres veces», criticó un joven durante la noche del sábado

Este aumento de la seguridad en los accesos, sin embargo, no impidió que muchos subieran con sus propias bolsas repletas de bebida. Al no estar consumiéndolas, no se pueden requisar a su propietario. «Otra cosa es ya el tema de los carritos. El sábado le dimos la vuelta a unos chavales que lo traían repleto de toda clase de botellas. No sé si incluso pensaban venderlo en la fiesta», relata Suárez.

«¿Cuándo empezaron ellos?»

Entre los asistentes a la verbena, con la fiesta de fondo, el asunto del botellón pasa a un segundo plano. Una joven de 16 años, que prefiere no decir su nombre, entiende que la comisión de festejos pida consumir en la barraca pero, en su caso, el factor económico resulta determinante para no hacerlo. «Hablan de precios populares pero para alguien sin apenas dinero no es viable pagar cinco euros por una copa. Con ese dinero puedo beber toda la noche del calimocho que trajimos», destaca. La imagen que se proyecta sobre los consumos de alcohol entre la juventud, a su juicio, no es la adecuada. «No es cierto que vayamos todos los días a beber hasta caernos muertos. Solo queremos pasarlo bien en las fiestas de prau con nuestros amigos. Habría que preguntar a los que critican esto a qué edad empezaron a beber ellos», sostiene.

Para la mayoría de los asistentes a la penúltima verbena de Castiello -ayer Assia puso el broche a los festejos tras el aplazamiento por lluvia del jueves-, la fiesta se hizo corta. Como ya ocurrió en Cabueñes, la Guardia Civil fue escrupulosa con el horario establecido. A las cuatro de la mañana, Havana Eventos echó el telón y las barracas y puestos de comida recibieron un aviso para cortar el servicio. «Espero que se den la misma prisa en cerrar en Metrópoli», lamentó uno de los presentes tras saber que no podía adquirir una botella de sidra. «Es una pena que corten tan de golpe».

Algunos de los que seguían con ganas de fiesta decidieron tomar un taxi en la rotonda de entrada al prau. Desde allí, decenas de vehículos se dirigieron hacia Fomento o Cimavilla para completar la noche. El buen ambiente que se respiró durante la noche, sin embargo, se enturbió en este punto. Aunque los conflictos no fueron de gravedad, los agentes tuvieron que intervenir por alguna disputa sobre la prioridad a la hora de coger los taxis. Castiello, por tanto, dice adiós a la folixa y a la polémica hasta el año que viene.

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