Patrimonio de Gijón

Cafés históricos de Gijón

Gijón contó con en la primera mitad del siglo XX, con espléndidas cafeterías que reflejaban su prosperidad; la mayoría de ellas han desaparecido

VALENTÍN ARRIETA BERDASCO

El emergente Gijón de finales del siglo XIX miraba de reojo a las grandes ciudades europeas que, como ella, vivían la prosperidad de una revolución industrial favorecida por la mejora de las comunicaciones. Estas influencias parisinas o londinenses no solo se verían reflejadas en el tipo de comercio e industria, sino que también los espacios de ocio y recreo fueron concebidos a semejanza de aquellos famosos teatros o cafés de los que hablaba todo el mundo.

En 1892 Gijón contaba tan solo con cuatro cafés, todos ellos en la calle Corrida o su entorno inmediato. Se trataban del Café Boulevard, Café Suizo, Café Universal y Café Oriental. Este último fue renovado y reabierto en 1899 con la construcción de un nuevo edificio en la calle Corrida, situado frente a la plaza Italia, con entrada por la calle Santa Lucía. El edificio fue diseñado por el arquitecto Mariano Marín, ajustándose al gusto ecléctico de la época, en cuya fachada destacan tres cariátides que hacen de parteluz de los huecos que dan al balcón corrido de la planta primera. Un balcón desde el que Melquiades Álvarez pronunciaba avivados discursos políticos que eran seguidos desde la calle por cientos de gijoneses. El café estuvo ubicado en la planta baja del edificio hasta su cierre definitivo a finales de la década de 1970. En sus mejores tiempos llegaba a despachar dos mil cafés al día, y por su amplio salón pasaron generaciones de gijoneses y visitantes, siendo una de las paradas predilectas de los marineros mercantes, por su cercanía al puerto.

En 1901 abrió en la esquina de las calles Corrida y Munuza un establecimiento que rápidamente se convirtió en punto de referencia para solaz de los gijoneses. Se denominó el Gran Café Colón, y aunque algunos decían que el café no sabía muy bien, sí que era apreciado por sus helados, refrescos y licores. En su gran salón diáfano se podían observar los típicos elementos decorativos de aquellos primeros cafés del siglo XX. Sus vigas de madera, decoradas con molduras de escayola policromadas, se apoyaban en esbeltas columnas de fundición, con fustes estriados y bellos capiteles con filigranas vegetales. Sus paredes estaban decoradas con cortinajes, espejos y frescos pintados, los cuales también aparecían en el techo.

Su espacioso interior estaba iluminado por lámparas de araña, y su mobiliario consistía en mesas de hierro con tablero de teselas de mármol, así como bellas sillas de madera de inspiración nouveau. Lamentablemente, este gran café ya no existe, pues fue sustituido por otro conocido establecimiento, el café Alcázar, el cual también desapareció junto al edificio completo en la década de 1970.

En 1901, el empresario Manuel Sánchez Dindurra abre, en un local anexo al nuevo Teatro Dindurra (hoy Teatro Jovellanos), un café que rápidamente se convertiría en referencia del Gijón de principios de siglo. Su situación en esquina animó enormemente el paseo de Begoña, entre otras cosas gracias a su vinculación con el teatro, contando con acceso directo desde la cafetería a través de una puerta que la comunicaba con el foyer. Su decoración ecléctica fue sustituida en 1931 por una nueva ambientación de estilo decó, ideada por el gran arquitecto Manuel del Busto, si bien la calidad espacial se mantuvo. Su renovada decoración se vio influenciada por algunas de las grandes obras europeas de principios de siglo, como en Gran Teatro de Berlín. Las columnas de hierro fundido fueron recubiertas por molduras de escayola con formas de inspiración vegetal, pues recuerdan a la apertura de los pétalos de una flor. Las molduras del techo completan la composición mediante una secuencia de ondas que surgen de las propias columnas, reforzando el concepto natural planteado por el arquitecto. La situación de bandas de mobiliario fijo, vinculadas a dichas columnas, articulan el espacio de forma que se generan distintos ámbitos, de manera que el gran espacio queda agradablemente subdividido en diferentes zonas sin perder su unidad. Afortunadamente, el café sigue abierto en la actualidad, pese a haber sido cerrado durante un breve periodo de tiempo en 2013.

Espacio único

La afortunada restauración llevada a cabo para su reapertura nos permite disfrutar de un espacio único y de gran valor, reminiscencia de un pasado en el que este tipo de establecimientos eran el centro de la agitada vida social de la ciudad, y que poco a poco fueron desapareciendo ante el cambio de tendencia social y la especulación urbanística.

A pesar de ello, hoy en día existen algunos cafés que, si bien son posteriores, evocan el ambiente de aquellos viejos cafés modernistas. Tal es el caso del Café Central, el Café los Moros o el Cafetón, ubicado en el local de la mítica cafetería San Miguel, abierta en 1904. En ellos, los gijoneses aún pueden reunirse para tomar el café matutino, participar en una animada tertulia vespertina, leer el periódico, escribir, jugar al ajedrez, o simplemente disfrutar de un chocolate caliente cuando la lluvia dificulta el paseo.

Fotos

Vídeos