Cambio de libros con doble intención

Cambio de libros con doble intención

E. C. GIJÓN.

El Conseyu de Mocedá de Xixón puso en marcha ayer la decimonovena edición de una de sus iniciativas mejor acogida, el intercambio de libros de texto, que el pasado año benefició a 4.808 familias, con la entrega de más de 7.000 volúmenes.

Desde ayer y hasta el próximo 31 de julio, estudiantes o sus familiares podrán entregar libros desde tercer curso de Primaria hasta segundo de Bachillerato y de Formación Profesional para obtener unos vales que les permitirán luego, exactamente desde el 16 de agosto hasta el 29 de septiembre, obtener otros para el nuevo curso. El cambio se hace uno por uno, independientemente de su precio de nuevo o cualquier otra consideración semejante. La clave está en que se trata siempre de material en buen estado, sin roturas ni marcas indelebles, aunque se admite algún subrayado. En una tercera fase, del 2 al 13 de octubre, se admite tanto entrega como recogida, en una especie de repesca que permita resolver a última hora alguna carencia.

La antigüedad del programa es síntoma de buen funcionamiento y así lo constatan los usuarios. Tres de ellos, Cristina Marrodán, Mónica Morales y Juan González, preguntados ayer por EL COMERCIO, coincidieron en señalar que les mueve el ahorro que se puede conseguir, estimado entre 150 y 200 euros por estudiante y curso, pero también el deseo de aprovechar unos medios que, en caso contrario, probablemente acabarían en la basura «y es una pena».

Ese buen funcionamiento hace, por otra parte, que los usuarios se muestren muy comprensivos con pequeñas molestias que ni siquiera consideran como tales, como las colas en los primeros días de entrega o la circunstancia de que el Conseyu de Mocedá no controla, como los centros comerciales, los libros que utiliza cada colegio, de forma que los usuarios necesitan saber qué es exactamente lo que necesitan. «¡Bastante hacen!», señaló una de las personas consultadas. De hecho, hace ya varios años se ideó entregar número el primer día, para que a la cola para conseguir la vez no hubiera que añadir luego el tiempo de atención que requiere cada persona.

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