Un canto a la tradición y las raíces

Varios participantes en el multitudinario desfile folclórico pasan por el Muro ataviados con panderetas y la vestimenta típica asturiana. / DAMIÁN ARIENZA

Un multitudinario desfile folclórico llenó el Muro y Cimavilla de cultura asturiana | La filóloga gallega Goretti Sanmartin habló en la plaza de La Corrada sobre la «preocupante» bajada de hablantes de la lengua desde la década de los 90

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

El eco de las gaitas y los tambores retumbaron por el Muro durante toda la mañana. Más de un centenar de vecinos, ataviados con el atuendo clásico asturiano, recorrieron el Muro en dirección a Cimavilla formando un colorido mosaico de ritmos, colores y homenajes al folclore astur. Se trataba del desfile de grupos de baile y gaitas de Xixón, uno de los últimos platos fuertes del Arcu Atlánticu que entusiasmo tanto a participantes como a los paseantes que se toparon con el gran despliegue en el paseo. «No somos un grupo tradicional al uso pero intentamos participar en todo movimiento cultural que tenga la ciudad. Este desfile, por ejemplo, es un lugar perfecto para hacer gala de nuestras raíces, que son muy ricas e interesantes», explica Adela Rodil, presidenta de la Asociación de Mujeres Eva Canel.

Este grupo fue uno de los quince que participó en la marcha, que se extendió durante varias horas y culminó en distintas espacios del barrio alto. Allí, las formaciones pudieron tomarse un respiro, beber una botella de sidra y seguir deleitando a los presentes con bailes y un sinfín de melodías de gaita. «Nosotras somos muy fieles a la tradición, no nos movemos un paso de los bailes clásicos. También cantamos romances y alguna que otra jota, pero suavina», añade Rodil entre risas. En su caso, fue la primera vez que participaban en una marcha de estas características, todo un «orgullo y un motivo para estar contentas». Eso sí, con bastantes nervios entre alguna de las presentes.

Al contrario de lo que se podía pensar, el mantenimiento de las tradiciones fue una cosa de niños. Así, entre grupos folclóricos y bandas de gaitas se pudieron ver a una gran cantidad de niños y niñas, que ya cogen el relevo de padres y abuelos de cara a las próximas décadas. «Me parece muy curioso ver la cantidad de chicos y chicas jóvenes que desfilan. Allí en Extremadura tengo el recuerdo de que la gente que suele hacerlo es bastante mayor», opina Jorge Díez, que acudió a la villa durante el fin de semana para disfrutar del festival de música Tsunami junto a su novia. La presencia de turistas, de hecho, fue una de las notas principales de la marcha. De esta forma, tanto el Muro como la hostelería de Cimavilla se encontraron con una mañana dominical abarrotada hasta la bandera. «La verdad es que es muy curioso ver este desfile. Es nuestro último día aquí y la imagen que nos llevamos de Gijón no han podido ser mejores», concluye Díez.

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En esta misma línea se planteó el taller infantil 'Xugando cola música', que tuvo lugar en la Casa del Chino a mediodía. Sirvió para que muchos jóvenes entrasen en contacto con la tradición oral de sus abuelos, aprendiendo canciones como 'La ablanera' o 'El besu' o bailes como 'Os cachetíus' o 'El bolero'. Por la tarde, Xuan Bello y Flavio Benito cerraron la programación poético con un recital en la plaza del Periodista Arturo Arias.

La música, en esta ocasión, salió de las influencias astures para recorrer mundo. En el Antiguo Instituto se pudo ver a Puntada sen Fío, un trío gallego en el que voz, percusión y saxofón crearon un ambiente íntimo y fuertemente ligado a su tierra. Poco después, en la plaza Mayor, la Banda de Música de Gijón presentó 'Mestizaje', un completo viaje por el tango, la música oriental, los ritmos celtas o el joropo venezolano.

«Alarma» con el gallego

Esta última jornada estuvo dedicada, al igual que las anteriores, a una de las 'lenguas minoritarias' que trufan toda la cornisa atlántica. Esta vez fue el turno del gallego, cuya situación fue analizada por la filóloga y escritora Goretti Sanmartín. «El gallego lleva varios años en alarma. De ser la lengua mayoritaria en la región, a partir de los 90 se empezó a ver cómo los jóvenes la hablaban menos, algo que se consumó este siglo», lamenta. Actualmente, menos del 50% de la población le da un uso habitual, una cifra muy distante a la de hace años. El problema, a ojos de Sanmartín, reside en la educación. «Con el decreto del plurilingüismo, su uso en las escuelas se ha visto muy mermado. Algunas asignaturas solo pueden darse en castellano y, con ello, se está perdiendo la comunicación intergeneracional del idioma. Los padres ya no hablan gallego con sus hijos», explica.

Una de las organizadoras de las charlas del Arcu es María Xosé Rodríguez, responsable de la Oficina de Normalización Llingüística. «Estamos encantados con la acogida. Al principio nos daba un poco de miedo hacerlas al aire libre pero funcionaron de maravilla», sostiene.

Uno de los fuertes, añade, fue la conexión de los ponentes con el público: «La gente se paraba a escuchar. Es, en definitiva, algo que hay que repetir».

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