Carantoña, hoy y siempre 'director'

Hijos y nietos de Francisco Carantoña posan ante 'Evocación' junto a amigos y periodistas de EL COMERCIO en activo y jubilados. / PALOMA UCHA
Hijos y nietos de Francisco Carantoña posan ante 'Evocación' junto a amigos y periodistas de EL COMERCIO en activo y jubilados. / PALOMA UCHA

La vigésima ofrenda floral ante su escultura enfatiza la vigencia del personaje | Familiares, amigos y periodistas resaltan los valores de quien dirigió EL COMERCIO entre 1954 y 1995 con la defensa de Gijón por bandera

ADRIÁN AUSÍN GIJÓN.

'Las puertas de San Lorenzo se abren tras el oficio fúnebre y los gijoneses que abarrotan la calle Cabrales y la acera de los Patos, al no haber literalmente sitio dentro de la iglesia, irrumpen en un sonoro y sentido aplauso. Es el momento de la salida de los restos mortales de Francisco Carantoña Dubert (Muros de San Pedro, 1926-Gijón, 1997) y la ciudad que le había nombrado hijo adoptivo cinco años atrás honra, conmovida, su memoria'. Así despidió Gijón, hace hoy veinte años, a quien fuera director de EL COMERCIO durante cuatro décadas, entre 1954 y 1995. El párroco, Eduardo Gordón, afirmó entonces en la homilía que «personas como Francisco Carantoña no mueren solas». Y la perspectiva del tiempo, dos décadas exactas, no ha hecho sino engrandecer su figura, haciendo bueno el titular del cuadernillo publicado por este periódico a su muerte: 'La institución hecha hombre'.

En la ofrenda floral de ayer, ante la escultura 'Evocación', que recorta su silueta en Begoña, uno de sus hábitats favoritos, los familiares, periodistas y amigos reunidos ayer calibraban, con dudas, el tiempo transcurrido. Una eternidad veinte años si se analiza todo lo acontecido entre medias; pero un soplo apenas si lo que se evalúa es la vigencia del personaje, erigido en referente de la profesión periodística y la defensa de los intereses de Gijón en una magnitud que quizá solo resistiera la comparación, saltando dos siglos atrás, de Gaspar Melchor de Jovellanos.

La familia, prudente, se quedó en la magnitud sentimental. En Begoña se dieron cita cinco de sus seis hijos -Paco, Cruz, Fernanda, Ana y Virginia (solo faltó Elena, en Bruselas)-, tres de sus cinco nietos -Martín, Clara, María- y Marisa Villa, prima de Cruz Álvarez Requejo, esposa de Carantoña, fallecida este año. Junto a ellos, amigos de siempre, como Carmen Díaz Cotera, viuda de Camín, autor de 'Evocación'; el pintor Carlos Roces o José María Mori, de Una Ciudad para Todos. Y, por supuesto, el actual director de EL COMERCIO, Marcelino Gutiérrez, acompañado de periodistas en activo y jubilados.

'Ava Gardner no vino a Gijón'

Tres ramos de flores (uno del decano y los tradicionales de los periodistas promotores de la ofrenda y el de Carmen Díaz) quedaron a los pies del Carantoña de acero corten al mediodía bajo una lluvia incómoda, muy del Gijón de antes. En la tertulia generada ante la silueta, hubo amplio margen para el recuerdo. A los valores como director, periodista, escritor, novelista y biógrafo de ilustres pintores asturianos se sumó una característica destacada la víspera, en el Ateneo Jovellanos, por Joaquín Fuertes: «La valentía de Carantoña». Valor, siempre, para defender los intereses de Gijón por encima de cualquier otra consideración; y valor para defender a sus periodistas ante cualquier injerencia, denuncia o presión.

«La tarea consiste en instalarse en las honduras de Gijón sin romper el vidrio, ni el sello, haciendo nuestros los rumores y los aromas, las vibraciones y los sentires: todo ello es definición, y en todo ello se nota la ancestralidad, la huella del rebaño de miedos y regocijos que los siglos acumulan sobre el nombre de una villa». Así escribía Carantoña. En la página 3, de alta política (con eco en Madrid). Y en la última, con su Till costumbrista, donde glosaba desde la llegada de la primavera hasta el último partido del Sporting pasando por títulos tan sugerentes como 'Los diamantes y el agua mineral' o 'Ava Gardner no vino a Gijón, ella fue la que salió perdiendo'.

Así, durante cuatro trascendentes décadas, hasta el periódico del 3 de diciembre de 1997, cuando publicó 'Los culpables simbólicos' en la página 3, una reflexión sobre la financiación de los partidos políticos; y 'Unos ejercicios espirituales que suenan a falso' en el Till, sobre los árbitros de fútbol. Sentó cátedra Carantoña hasta cinco días antes de su muerte. Lo sigue haciendo veinte años después. Y el 8 de diciembre, en su aniversario, nunca le faltarán flores.

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