Cáritas cierra las cocinas de El Natahoyo para descentralizar el servicio en la región

Cada proyecto social contará con sus propias instalaciones para reducir costes y «fomentar su uso formativo»

Ó. PANDIELLO GIJÓN.

Las comidas de Cáritas en todo el Principado dejan de tener sello gijonés. La entidad solidaria de la Iglesia Católica ha decidido dejar sus cocinas de El Natahoyo, donde se elaboraban los platos que servían en el resto de la región, para descentralizar el servicio. Los menús, por tanto, se realizarán a diario en los distintos proyectos sociales con los que la entidad cuenta en la región. El objetivo: utilizar la cocina como herramienta «formativa» y, por otra parte, reducir los costes relativos al transporte.

«Contábamos con estas instalaciones de El Natahoyo cedidas por el Ayuntamiento donde centralizábamos las comidas de toda Asturias. Después de un periodo de reflexión, hemos decidido que la cocina sea parte de esta oferta educativa y sean los propios proyectos los que asuman este papel», resumió ayer a este periódico Mari Luz Baeza, secretaria general de Cáritas en Asturias. Desde que se tomase la decisión hace menos de dos meses, la entidad ha estado trabajando en el nuevo modelo de servicio, que de media alimenta a 150 comensales a lo largo del Principado.

Con esta decisión, los proyectos sociales que ya empiezan a elaborar sus propios platos son los siguientes. El Centro de Encuentro y Acogida situado en La Tenderina, la Escuela Infantil de San Lázaro de Oviedo, la comunidad terapéutica La Santina de Gijón y la Casa de Acogida de Valliniello. El albergue Cano Mata Vigil de Oviedo, en el que comen 70 personas a diario, será el único que realice servicios para otro centro. En su caso, cocinará para su homólogo en Avilés, en el que diariamente se sirve alimento a unas 35 personas. «Cuando los centros huelen a cocina recuerda al hogar y es muy positivo para las personas que acuden», subraya Baeza.

Todos los trabajadores que prestaban servicio en las cocinas, menos el responsable, han sido reubicados entre los centros de la región. En total, un transportista y dos cocineros que seguirán realizando similares trabajos a los realizados hasta el momento.

A la espera de inquilino

En las instalaciones del centro social de El Natahoyo se había creado la primera empresa de inserción laboral para personas en riesgo de exclusión. Los cursos, impulsados desde 2012, contaban con doscientas horas teóricas y cien prácticas. Los turnos rotativos de 15 personas permitieron formar a más de cuarenta personas cada año.

Compuestas por una gran cocina -equipada con neveras, fogones y demás material culinario-, despacho y despensa, las instalaciones quedarán ahora vacías a la espera de nuevo inquilino. En principio, la nueva gestión correrá a cargo de alguna entidad de corte social que ejerza una tarea similar a la llevada a cabo por Cáritas. El espacio, asimismo, quedará a disposición de Patrimonio antes de salir a convocatoria pública.

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