Cayetano y Ferrera, a oreja por coleta en la última corrida de Begoña

Cayetano Rivera, en un momento de la corrida.
Cayetano Rivera, en un momento de la corrida. / Damián Arienza

Paquirri, que se despedía de El Bibio pues ha anunciado su retirada del toreo, se fue de vacío

JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ CANAL

Cayetano cortó una oreja y otra Antonio Ferrera en el sexto y último festejo de feria celebrado en el coso de El Bibio, con tiempo nuboso y media entrada escasa, lo que confirma que lo de ir a los toros en Gijón el día de Begoña forma parte del pasado. Se lidió un encierro de la ganadería de Julio de la Puerta, hierro nuevo en la plaza, de cómodas cabezas y juego desigual. Lo que puede decirse sin duda es que no fueron toros de embestida borreguil como se suele sino que ofrecieron dificultades que pusieron a prueba la capacidad de los diestros. Francisco Rivera Paquirri, que se despedía de Gijón porque ha anunciado su despedida, se llevó el mejor toro de la corrida, el lidiado en cuarto lugar, de embestida más noble que sus hermanos, y blando de remos. Banderilleó siempre a cabeza pasada y con la muleta salvo un par de series en redondo, de buen gusto y suavidad, su labor se caracterizó por abusar del pico de la muleta y echar hacia afuera el toro para rematar los pases. Los circulares finales para la galería enardecieron a la parroquia, que vio frustradas sus ganas de ejercer la dadivosidad habitual después de que Rivera necesitara dos pinchazos y cinco descabello para liquidar al astado. Escuchó un aviso y fue ovacionado. En el primero de su lote, más que torear tuvo que pelear con la condición poco favorable del burel, que tenía genio y no daba facilidades. Sin quietud y despegado le suministró varias tandas de redondos y dos de naturales, para terminar con un macheteo de castigo previo a un pinchazo y una estocada corta tendida con el refrendo de tres descabellos que dejaron al cornudo para el arrastre. Silencio.

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Ferrera se llevó una oreja del quinto toro de la tarde, fruto de la generosidad del público, porque había banderilleado sin asomarse al balcón en ninguno de los tres pares y con la muleta su labor consistió en porfiar ante un toro pegajoso, de embestida incómoda y escaso de fuerzas, que no le permitía ligar los pases. Faena sin calidad, vulgar, rematada con un bajonazo indecoroso después de oír un aviso. En el segundo de la tarde, el ibicenco criado en Extremadura se enfrentó a un enemigo que cabeceaba y desarrollaba un peligro sordo. De este modo, en la faena de muleta el diestro derrochó precaución y se enmendaba en cada pase. De un pinchazo sin pasar el fielato y un bajonazo más un descabello terminó la tarea y escuchó un aviso. Silencio.

Cayetano le cortó una oreja al tercer toro de la corrida. Veroniqueó con alivio al ejecutar la suerte y en el último tercio, tras unos ayudados por bajo de buena factura, su labor con la fámula estuvo condicionada por la embestida bronca de la res, que le hacía ejecutar las series sin temple, aunque mejoró al final de la faena, basada toda salvo un par de tandas en la mano derecha. Una estocada contraria le valió una oreja. En el último toro de la feria, que huía, muchos enganchones, mucho pico, poco mando y mal rematar las series. Se quitó de encima al marmolillo de cinco pinchazos y una estocada después de escuchar un aviso. Fue ovacionado como despedida y se acabó lo que se daba.

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