«Cierra, que si no hablamos a voces»

La confluencia de Pablo Iglesias y Ramón y Cajal es uno de los puntos con más ruido de Gijón.
La confluencia de Pablo Iglesias y Ramón y Cajal es uno de los puntos con más ruido de Gijón. / D. ARIENZA

Tres de las cuatro zonas residenciales que superan los 75 decibelios de media al día están en el núcleo urbano. El cuarto es un edificio de Los CamponesVecinos y comerciantes de las calles más ruidosas ven «difícil solución» al problema

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

Para vecinos y comerciantes, el ruido se ha convertido ya en parte indisoluble de su día a día. En Pablo Iglesias y sus inmediaciones, el estudio sonoro de Gijón es contundente: pocas zonas de la ciudad concentran más contaminación acústica. En la confluencia con Ramón y Cajal, otra de las grandes arterias de la ciudad, se encuentra uno de los 'puntos negros' a los que alude el Mapa de Ruido. Es decir, los que superan los 75 decibelios en la media del día, muy por encima del máximo recomendado en suelo residencial. «Se nota mucho, a primera hora de la mañana sobre todo. Es una de las arterias de la ciudad y, al ser paso obligatorio hacia Cabueñes, la circulación de ambulancias es habitual», sostiene Anastasio Blasco, residente en uno de los portales más cercanos al cruce.

A escasos metros del portal se encuentra Puertas Videco. Atiende en el negocio Amparo Gutiérrez, quien no se sorprende al conocer que vive en una de las zonas más ruidosas de la ciudad. «Siempre cierro la puerta cuando entran clientes ya que si no acabamos hablando a voces. Hablo bajito y ya si le sumas todo el barullo del tráfico...», explica. En suelo de uso residencial, el límite de decibelios en horario de mañana y tarde -de 7 a 23 horas- es de 65 decibelios. De 23 a 7 horas, 55.

«Por aquí pasan los autobuses más viejos de toda la flota. Tenemos una parada justo delante y dos semáforos que dejan el sonido del punto muerto de los motores durante todo el día», explica Manuel Sobrado junto a la ventana abierta de su piso. Su domicilio se encuentra unos metros más al centro, en la confluencia entre Pablo Iglesias y Hermanos Felgueroso. El Mapa de Ruido lo sitúa como otro de las zonas en las que los 75 decibelios se sobrepasan en la media diaria. «Acostumbrar nunca te acostumbras, pero no te queda otra», lamenta. La instalación de nuevas ventanas ha hecho que dentro de su casa apenas se escuche el ruido de la calle, por la que circulan «gran cantidad de camiones y autobuses en dirección a Pola de Siero».

«Estoy acostumbrada»

En el bloque adyacente, con vistas a Pablo Iglesias, reside desde hace más de cuarenta años Nélida González, quien reconoce que se está «acostumbrada» al ruido del tráfico. Esto, sin embargo, no implica que «quien esté enfermo o necesite reposo sí pueda acusarlo». «Mi marido estaba buscando algo tranquilo cuando miraba pisos y fue a dar con lo más ruidoso de la ciudad», añade entre risas. La solución a esta problemática, sin embargo, no parece sencilla para ninguna de las partes. «¿Qué vas a hacer? Si reduces un carril en Pablo Iglesias, con el ajetreo que hay, crearías un caos. Tiene difícil solución el asunto», resume Amparo Gutiérrez.

En la misma línea se pronuncia Juan Antonio García, responsable de la tienda de muebles Keldor. «No se me ocurre cómo aliviar la situación. Llevamos aquí cuarenta años y sí puedo decirte que el tráfico bajó desde que se construyó la autopista», explica. Al igual que Gutiérrez, el negocio cierra la puerta de la calle la mayor parte del día para «evitar el ruido y el polvo».

El engranaje del portón

Lejos del centro, en pleno polígono de Los Campones, se encuentra otro de los 'puntos negros' de la contaminación acústica gijonesa. El bloque residencial afectado, según el informe elaborado por Audiotec para el Ayuntamiento, se sitúa en la calle Dorotea, rodeado por todos sus flancos por naves industriales de diverso uso. A diferencia de la zona centro, en este espacio confluye ruido de tráfico rodado e industrial. «Aquí ya estamos acostumbrados. Hay talleres, obras, tráfico... Además, por el tema de la contaminación, baldean todos los días la calle a las siete de la mañana. Y eso mete un ruido terrible», explica Luis Corbato, residente desde hace quince años en una de las viviendas de Dorotea.

Pese a que la actividad de la gran nave industrial que hay frente a sus casas hace tiempo que cesó, la maquinaria de otras empresas más lejanas se deja notar en la zona. «La mayor parte del tiempo lo paso fuera de casa, así que no lo noto tanto. Tenemos al lado, además, el garaje de una empresa de autobuses cuyo portón siempre hace muchísimo ruido al abrirse», concluye.

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