El cierre de El Peru deja Somió huérfano de quioscos

Margarita Peña charla con dos clientes en El Peru. / ARNALDO GARCÍA
Margarita Peña charla con dos clientes en El Peru. / ARNALDO GARCÍA

«Después de cuarenta y pico años aquí se me va a hacer raro», reconoce Margarita Peña, que heredó el negocio de su madre | El establecimiento, de titularidad municipal, se licitará «en breve» para concretar su nuevo uso, «aunque necesita una reforma importante»

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

Después de conceder una entrevista hace cuatro años, muchos vecinos de Gijón acudieron al quiosco de Margarita Peña Menéndez temiendo que hubiese decidido dejar el negocio. «Lo leyeron mal y los rumores llegaron hasta Madrid. Simplemente decía que cuando me jubilase se pondría fin a la saga Menéndez que empezó mi madre con el quiosco Villamanín», relata la quiosquera. A partir del próximo lunes, sin embargo, «sí que viene la jubilación definitiva», agrega entre risas.

Su marcha dejará huérfanos a lectores de prensa y a niños de todo Somió. No en vano, El Peru -llamado así por el que fue su primer dueño, 'El Peruyu'- era la última resistencia entre los quioscos de la parroquia. Para Peña, será la oportunidad de dejar un trabajo al que llevaba mucho tiempo vinculada y dedicarse a otros asuntos: «Después de cuarenta y pico años aquí se me va a hacer raro. Ahora no sé qué haré, pasearé a la mi perra y me dedicaré mucho más tiempo que ahora».

Atrás quedan «toneladas de periódicos» vendidos, el cariño de los vecinos de la parroquia y, sobre todo, muchas horas invertidos tras las paredes del negocio. «Vinieron varias veces a ofrecerme hornos para hacer pan o la licencia para sellar quinielas. Pero dije que no, tampoco quería conflictos con el tema de la concesión», explica.

Clientes reconocibles

A su quiosco acudieron muchas de las caras conocidas que a diario salen en las portadas que pueblan su mostrador. Desde la infanta Elena y Rodrigo Rato hasta Javier Fernández, José Luis Garci y Rodrigo Rato. Primero les atendió desde la plaza Villamanín, cuando empezó a trabajar con su madre a los 14 años, hasta que derribaron la construcción a principios de los 70. En 1973, su madre suscribió una concesión municipal para explotar El Peru.

Para el establecimiento, enclavado entre Dionisio Cifuentes y la carretera Piles-Infanzón, el futuro dependerá de la licitación del Ayuntamiento, que sigue siendo propietario de la construcción. Así, en el último pleno, la edil Ana Braña afirmó que los tres quioscos de titularidad municipal «están en condición de ser licitados en breve». Además del de Somió, esta oferta pública afectará a los establecimientos de Los Campos y la Plazuela.

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