Cimavilla se rinde ante su protector

Los devotos del Cristo de Medinaceli escuchan la misa, oficiada por el párroco de San Pedro en la capilla de la Soledad. /JORGE PETEIRO
Los devotos del Cristo de Medinaceli escuchan la misa, oficiada por el párroco de San Pedro en la capilla de la Soledad. / JORGE PETEIRO

Los fieles honran en la capilla de la Soledad al Cristo de Medinaceli, que concede «al menos una de las tres» peticiones que le hacen

EUGENIA GARCÍA E. GARCÍA GIJÓN. GIJÓN.

Cuando sus maridos y sus hijos salían a la mar y llegaba la galerna, las mujeres del barrio alto acudían a guarecerse de la inquietud entre las vetustas piedras de la capilla de Nuestra Señora de la Soledad. Orientada hacia el Cantábrico, allí encontraban cobijo y esperanza. Y una vez al año, el primer viernes de marzo, rendían tributo al Cristo de Medinaceli y le pedían tres gracias: una tradición que se ha mantenido con el paso de los años. Ayer, devotos de toda la ciudad volvieron a la Soledad, a pedir «con sinceridad, con libertad y sin miedo alguno» porque, como aseguró el párroco de San Pedro en la homilía, «al menos una nos la concede siempre».

«Este es un lugar muy devoto», remarcó Javier Gómez Cuesta. Lo atestiguaba el medio centenar de personas que siguieron la misa desde la calle de la Soledad dado el reducido espacio de la capilla, que se llenó enseguida. De pie, con abrigo y gafas de sol, echaban de menos los bancos que habitualmente sacan a la calle, pero su fe pudo a la incomodidad. Y con el sonido de las gaviotas de fondo siguieron la misa en silencio.

Escucharon al párroco invitar a todos los fieles a «confiar en el Redentor y transmitir a las nuevas generaciones estas tradiciones casi ancestrales» que conmueven a tantos gijoneses. Es el caso de Alejandra Rodríguez, vecina del barrio desde hace años y convencida de que el lugar cuenta con algo especial, ya que «siempre tiene gente». «Me emociona mucho venir aquí», reconocía. «Yo le tengo mucha fe», añadía Chelo Vecillas. «Le pido todos los años tres deseos y hasta hoy me los ha concedido», decía.

Como ellas, cada primer viernes de marzo decenas de devotos suben las calles empedradas de Cimavilla para acudir ante el Cristo de Medinaceli. El vallisoletano Benjamín Vallelado, residente en Gijón, se enteró de la tradición hace más de una década y desde entonces nunca falta. «Es algo muy especial», aseguraba. «Si tienes un poco de fe, le pides cosas y te das cuenta de que tu vida va cambiando». «Los que tenemos tanta fe estamos siempre pidiendo», confesaba risueña Montse Hevia. «Yo creo que un día me va a hablar y me va a decir: ¡Ya Montse, ya está bien! Pero me sigue concediendo».

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Lugar recóndito

Para el párroco de San Pedro, la capilla de la Soledad es «uno de los lugares ocultos más significativos de la ciudad». Esos sitios «que no conoce todo el mundo, pero que aún así reciben a mucha gente que busca consuelo», ya que su carácter recóndito «se presta para tener un rato de reflexión interior». Gómez Cuesta sitúa el motivo de la devoción que genera esta fecha en «el sufrimiento de las personas en los tiempos en que la pesca era muy arriesgada y costaba vidas». El sufrimiento de Jesús servía de alivio a aquellas madres y esposas que aguardaban en vilo. Ayer, el Redentor de Cimavilla daba esperanza a quienes esperan salir de momentos a veces tan oscuros como la mar en tormenta.

El párroco de San Pedro, Javier Gómez Cuesta, aprovechó la homilía de ayer para pedir celeridad al Ayuntamiento en la gestión de los trámites necesarios para asegurar el buen mantenimiento de la capilla de Nuestra Señora de la Soledad, levantada en 1674. «Hace más de ocho meses que solicitamos los permisos y a día de hoy seguimos esperando», afirmó.

«Como la capilla es Bien de Interés Cultural necesitamos permisos especiales que igual llevan más tiempo», explicó el religioso.

«No obstante, no vamos a hacer ninguna cosa rara: pintarla y retejarla para conservarla, ya que siempre ha sido un lugar de devoción en este Gijón del alma y la fachada mira al mar y está muy expuesta», detalló Gómez Cuesta, quien data la última renovación hace ocho años.

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