Una planta para cada etapa vital

Patricia Prieto, copropietaria de Horticultura del Cantábrico, con sus 'phalaenopsis'. / ARNALDO GARCÍA

Orquídeas para celebrar un nacimiento y bromelias para las coronas fúnebres

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Los gijoneses Patricia Prieto y Nicasio Álvarez se dedicaban al cultivo de lechugas en su vivero de Sotiello hasta que el auge de las ensaladas embolsadas les animó a transformar el negocio. «En 2005 empezamos con las plantas, que poco a poco iban ganándole terreno a las lechugas...¡y ahora no queda ninguna!», cuenta la primera. Lo hace desde su puesto de la pequeña feria de mayoristas instalada en el recinto Luis Adaro con motivo del congreso de la Asociación Española de Floristas.

De aquella aventura quedó el nombre, Horticultura del Cantábrico, y el invernadero. «Cultivamos plantas ornamentales de temporada como geranios, surfinia, petunias, margaritas, hortensias...», explica. No obstante, matiza, «nuestra venta principal es la planta de interior que procede de Holanda, Bélgica, Dinamarca o Almería». Como buena especialista en botánica, dice en su mejor latín que el 'top ventas' lo encabeza la phalaepnosis. «Un tipo de orquídea que en floristería anda por unos 35 ó 40 euros», aclara.

Patricia, totalmente autodidacta, afirma casi sin dudarlo que hay un tipo de planta para cada etapa de la vida. «Para celebrar un nacimiento, la mejor es la orquídea». En San Valentín regalaría un Anthurium, mientras que por el Día de la Madre compraría una composición variada. «Para regalar en el Día del Padre, una hortensia, cuya flor también sirve para las bodas en verano. Si son en primavera, colores fuertes: amarillo, naranja, rojo...» ¿Y un fallecimiento? «En coronas fúnebres no se suelen usar plantas, pero se están empezando a poner bromelias».

Mañana, puertas abiertas

Los niños, dice, también pueden disfrutar cuidando sus plantas. Para los más pequeños de la casa, en su empresa venden 'el árbol de las hadas' o una planta que pueden pintar con rotulador. «A mi niño, de 7 años, le encanta estar con las plantas, ayudarme con las composiciones... Creo que les gusta, es algo muy manual», comenta Prieto. «Para no perder la cultura de comprar flores y plantas hay que cultivarla en la gente joven, involucrándoles por ejemplo a través de talleres», anota. Algo que, a su juicio, también se debería hacer con adultos, mediante citas como la que estos días se celebra en Gijón, pero «más abiertas al público, donde las floristerías pudieran enseñar a la gente a valorar las plantas y el trabajo que hay detrás».

Mañana, de 9 a 14 horas, quien lo desee tendrá libre acceso al recinto ferial para maravillarse con las creaciones inspiradas en Asturias de los seis participantes en la Copa de Arte Floral. Cada una es una obra de arte que demuestra la creatividad y la pericia de los concursantes trabajando varias artesanías: escultura, talla de madera, cristal, siderurgia y, por supuesto, floristería.

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