Y el corazón de Apta dejó de latir

Mario Menéndez posaba para EL COMERCIO en 2000 durante un entrenamiento en Las Mestas. / PAÑEDA

Mario Menéndez, motor de la Asociación de Padres de Alumnos del Marítimo y del primer gran centro de empleo, fallece a los 73 años

CHELO TUYA GIJÓN.

Se escribía con el rey. Cuando era Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón le preguntaba en sus misivas por su nuevo corazón. El que estrenó el 17 de mayo de 1995 tras un infarto. Todo parecía marcado para que aquel fuera su último día: estaba en Valencia de Don Juan, en plena excursión con los miembros de la entidad que él, junto a José Antonio Huerta y Fernando Urrutia, habían fundado en 1979. La Asociación de Padres y Tutores de Antiguos Alumnos del Sanatorio Marítimo. Una entidad formada por y para las familias que pasaría a la historia como el primer gran centro especial de empleo de la región. El que convirtió a personas con discapacidad en profesionales expertos en cableado para la multinacional japonesa Suzuki.

Pero aquel 17 de mayo de 1995 Mario Menéndez volvió a demostrar que estaba hecho de otra pasta. Trasladado más muerto que vivo tras el infarto que paralizó su corazón, la ambulancia que le llevaba en busca de atención especializada se averió en plena autopista. Fue un helicóptero el que trasladó su cuerpo al hospital cántabro de Valdecilla, donde recibió un trasplante con el que inició la que él llamó «su segunda vida». Una en la que, como en la primera, no paró de correr en pos de una meta.

En su 'primera' vida, la meta era lograr una vida llena de derechos para las personas con dispacapidad. Como padre, se negó a que su hijo quedara fuera del sistema tras unos años de educación especial. Por eso, en 1979, junto a Urrutia y Huerta, así como otra decena de padres, inició la carrera. Sus hijos no quedarían recluidos en casa. Tenían mucho potencial y ellos lo demostrarían. En 1981 se creó el Centro Especial de Empleo de Apta, que llegó a ser la principal empresa de esas características de la región y una de las de España. Luego llegaría la ONCE, pero primero, fueron las familias las que pusieron dinero de sus bolsillos para todo aquello. Hoy, pese a la crisis económica, pese a las regulaciones de empleo, todavía mantiene una plantilla de 200 trabajadores y ofrece una residencia para 25 (con todas las plazas ocupadas) y un Centro de Apoyo a la Integración (CAI) para otras 47.

Será despedido esta tarde, a las seis, en la capilla del Tanatorio de Cabueñes

En su 'segunda' vida corrió en las pistas. Como ciclista, como atleta, se convirtió en ganador en competiciones nacionales, internaciones e, incluso, mundiales. Por eso el hoy Rey le escribía. Sorprendía que un corazón trasplantado se hiciera 160 kilómetros de una sentada o batiera récord de velocidad. En un cuerpo de 57 años.

Su fallecimiento dejó ayer a todos los que fueron su otra familia, la de Apta, sin palabras. Aunque se había desvinculado de la entidad en 2007, «en la puerta está su busto. Mario fue y será siempre el motor de esta entidad, el fundador junto a Urrutia y Huerta, el más extrovertido, el que dio todo de sí», recordaba ayer un emocionado Joaquín Fernández, presidente de Apta.

En su opinión, si no hubiera sido por el tesón y el esfuerzo personal de Mario, «hoy no estaríamos aquí. Nada de lo que hemos sido y somos habría sido posible». El viernes, una reunión de la junta directiva decidirá si el desaparecido fundador tiene algún recuerdo especial.

Hoy es Darío, el hijo por el que se gestó Apta, quien le recuerda. En la sala 5 del Tanatorio de Cabueñes están él y su hermana Cristina, arropados por la multitud que, a las seis de esta tarde, despedirán a Mario en su llegada a la última meta.

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