Desde La Corredoria a San Lorenzo para cumplir con los baños que alejan la gripe

Las mujeres lucieron trajes y sombrillas de encaje./
Las mujeres lucieron trajes y sombrillas de encaje.

La Asociación Libre de Mujeres cumple con la tradición anual de acudir con el atuendo del siglo XIX a la playa

O. SUÁREZ GIJÓN.

Como cada primer lunes de septiembre, y ya van 25, salieron de sus casas de La Corredoria como si las hubiesen transportado un par de siglos atrás, hasta el XIX, en el tiempo y llegaron a la playa gijonesa de San Lorenzo dispuestas a cumplir con la tradición.

Eso sí, a medida que pasan los años lo que empezó siendo un baño en el Cantábrico se ha convertido para muchas de ellas en un poner a remojar los pies. «Yo ahora bañarme no puedo por el reuma, pero el concepto es prácticamente el mismo», comentaba una de las 36 integrantes de la Asociación Libre de Mujeres de La Corredoria que ayer dieron por inaugurada la temporada de los baños de ola. Lo hicieron, como siempre, en la playa de San Lorenzo para continuar los próximos días en Luanco, Candás, Salinas y Rodiles, donde celebrarán el viernes, Día de Asturias, una espicha poner fin por este año a esta costumbre que las ha hecho populares en Gijón. «Venimos siempre, nos presta muchísimo y además es muy bueno para la salud», resume Teresa Ruiz, presidenta de esta agrupación de mujeres, que remarca: «No estamos cerradas a que vengan hombres a bañarse con nosotras, pero es que no quieren venir».

El único varón que acudió fue el nieto de unas participantes, que prefirió dejar los trajes de época para ellas y tirar de uniforme de verano: pantalón corto y camiseta naranja. Sus mayores, como siempre, se vistieron con los trajes que emulaban el atuendo de los baños de ola que popularizó la Reina Isabel en el siglo XIX: gorros de baño, camisetas a rayas y sombrillas de encaje.

«Antes nos bañábamos, pero ahora el reuma solo nos permite mojar los pies», bromearon

En La Concha y El Sardinero

Las bañistas emularon la tradición que popularizó la corte real en la playa santanderina de El Sardinero y en La Concha de San Sebastián. «Avisamos, la que prueba un año, repite fijo», comentaban, al mismo tiempo que lamentaban que «ahora el autobús no nos puede dejar en el Muro, junto a la playa, y tuvimos que venir andando desde el Piles». «No sé por qué no nos dejan hacer una excepción y que nos depositen aquí», añadieron. Sea como sea, bajaron a la arena, pasearon por la orilla e incluso algunas se metieron tímidamente en las aguas del Cantábrico. «Todo sea porque no me den catarros en todo el invierno», decían.

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