«No hay que creer todo lo que se oye»

Los niños escuchan atentos en presencia de sus monitores. / J. PETEIRO

Guadalupe Sabio dirige un taller infantil sobre el método científico en Mar de Niebla | «La divulgación puede ser divertida y los niños son como esponjas cuando se trata de aprender. El fútbol dura 90 minutos y no pierden atención»

E. C. GIJÓN.

Una adecuada combinación de teoría y práctica; un lenguaje sencillo y directo y, sobre todo, una evidente experiencia en el trato con el público infantil para captar su atención fueron las herramientas utilizadas ayer por la científica Guadalupe Sabio y su marido y compañero de trabajo, Alfonso Mora, para sembrar los valores del método científico entre una treintena de niños asistentes a las colonias que organiza Mar de Niebla en el colegio Miguel de Cervantes.

Durante aproximadamente dos horas, los participantes aprendieron que «no hay que creer todo lo que se oye», porque a menudo se dan por seguras cosas que no han sido demostradas, especialmente a través de plataformas como internet; que hacerse preguntas sobre las cosas que se observan provoca la investigación y el espíritu crítico, o que «los investigadores nunca decimos algo categóricamente, pero somos muy cabezotas, para repetir las cosas cuando no salen, y buenos compañeros, porque ningún científico lo sabe todo y hay muchas preguntas por contestar como para que tengamos que competir entre nosotros». Espacio propio tuvo la explicación sobre que la vida en la mar y en la tierra depende del control que todos tengamos de las emisiones de CO2, porque la acidez de ese gas no solo cambia el color del agua mezclada con rojo fenol, como se ocuparon de que la audiencia comprobara por sí misma, al añadir aliento a un tubito preparado con el citado producto químico, sino que mata organismos como los corales, «que son muy importantes incluso para mí, que vivo en Madrid», dijo Mora.

¿Son niños de entre tres y once años destinatarios adecuados para la divulgación científica? Guadalupe Sabio, que, además de su marido, cuenta como ayudantes con su dos mellizos de 10 años, Daniel y David, piensa que sí, porque «los niños son como esponjas cuando se trata de aprender y la divulgación científica puede ser divertida. No hay motivo para temer falta de atención, porque el fútbol dura 90 minutos y no pierden atención. Si los llevas al fútbol, quieren ser futbolistas, si les explicas ciencia, a lo mejor alguno siente esa vocación».

El resultado con los niños de Mar de Niebla le da la razón, porque Sergio Santaeugenia, Joseph Eben, Celia Gonzalo, Lucía Pérez, Eva María Argüelles y Mareme, por citar a algunos, coincidieron tras las explicaciones en señalar que la ciencia es más divertida de lo que pensaban.

El taller estuvo cuajado de experimentos: para extraer la clorofila de las plantas, por una parte, o una muestra de ADN. «A partir de esto, te podríamos clonar -dijo Alfonso Mora a uno de los chavales-, pero hay que ver si tus padres quieren clonarte». Fue la única broma que entenderá mejor un adulto que un niño.

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