Un cronómetro democrático y gijonés

Martín Álvarez Espinar, en su centro de trabajo. /  JOAQUÍN PAÑEDA
Martín Álvarez Espinar, en su centro de trabajo. / JOAQUÍN PAÑEDA

Martín Álvarez se alza con el prestigioso Open IoT Challenge con un sistema de bajo coste que presentará en California

P. SUÁREZ GIJÓN.

«Envié mi idea para la primera criba apenas unas horas antes de que se cerrase el plazo», cuenta Martín Álvarez. No es de extrañar, por tanto, que a este ingeniero informático gijonés le haya pillado totalmente por sorpresa su victoria en el prestigioso Open IoT Challenge, una competición creada por la Organización Eclipse, un importante organismo estandarizador de tecnología con base en Otawa (Canadá), que busca promover el uso de los estándares en las soluciones para el paradigma del 'internet de las cosas'.

Pese a que en un primer momento esta disciplina pueda parecer un espeso caldo de tecnicismos, la realidad es que el 'internet de las cosas' está más que presente en el día a día de cada ciudadano. Este término engloba todos los dispositivos que están conectados a internet, desde los teléfonos móviles hasta la telemetría de los vehículos pasando por algo tan cotidiano como los telefonillos de las viviendas.

El invento presentado por Álvarez consiste en un sistema de cronometraje modular al alcance de cualquier persona y el cual es totalmente compatible con otros sistemas de medición deportiva. «La idea surge de mi afición al atletismo y la voluntad por democratizar el atletismo. Hay personas en otros países más desfavorecidos que no pueden organizar carreras profesionales porque carecen de un sistema de cronometraje profesional», afirma.

La idea inicial terminó la primera criba como la 15 clasificada entre un total de 78 ideas propuestas por equipos de todo el mundo, pero el paso definitivo para alzarse como la ganadora fue dado durante el plazo para su implementación. Álvarez consiguió construir el sistema con componentes de bajo coste, cuyo precio se situaba en una horquilla de entre cinco y cien euros y que podían obtenerse en cualquier tienda especializada en electricidad y tecnología. Con ello, el gijonés cumplía la condición principal del reto: que el invento fuese accesible para la sociedad en general.

3.000 dólares

El premio por haber ganado la competición está a la altura de la dificultad de la misma. Un vale de 3.000 dólares para gastar en una tienda de electrónica y varias licencias para el desarrollo de softwares que se complementan con una ponencia que tendrá lugar en California y en la que Álvarez presentará su invento ante diferentes personalidades del sector. «No está nada mal», confiesa el ingeniero.

El gijonés, que actualmente se encuentra trabajando en CTIC, reconoce que a raíz de su victoria en el Open se ha notado más valorado, «si cabe», dentro de la empresa. «Me han comenzado a acoplar en equipos que se encargan de esta disciplina», cuenta con evidente orgullo.

Respecto a las expectativas de continuidad que tiene su invento, asegura que continuará desarrollándolo y persiguiendo el fin por el cual se decidió a crearlo: democratizar el cronometraje deportivo. «Ahora quiero ver hasta dónde puede llevarme este proyecto e ir buscando opciones para seguir llevándolo a cabo», confirma.

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