Los cruceristas conectan con el centro

El 'Queen Victoria', atracado en el muelle de La Osa, en El Musel. /Daniel Mora
El 'Queen Victoria', atracado en el muelle de La Osa, en El Musel. / Daniel Mora

El lujoso 'Queen Victoria', con 2.280 pasajeros, hace escala por primera vez en Gijón. A algunos les sorprende «la cantidad de perros que hay»

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Llegaban sin conocer apenas la ciudad, que la mayoría visitaba por primera vez. Bajaban del barco, atracado en el muelle de La Osa, expectantes por un lugar del que les habían hablado «un poco» en el buque. «Sabemos que es una villa marinera, que tiene casi 300.000 habitantes; un jardín botánico y unas termas romanas», enumeraban los más atentos. Pero además de buscar monumentos, los 2.280 pasajeros del crucero 'Queen Victoria' -la mayoría británicos- esperaban experimentar en Gijón «el encanto apacible de la ciudad pequeña».

El 'Queen Victoria' es un barco de lujo y sus pasajeros, fácilmente identificables por su tono de piel ligeramente rosado y un cierto estilo inglés impregnado en la ropa de buena factura, no se conforman con el típico souvenir. En sus paradas buscaban conocer -en lo que diez horas de escala dan de sí- el temperamento y las costumbres autóctonas. Y con esta intención, respaldados por un sol primaveral que no les acompañó en Bilbao, su anterior escala, se lanzaron ayer las calles y comercios en busca de ese patrimonio específico.

A juzgar por las opiniones del pasaje que deambulaba por la plaza del Marqués, el Campo Valdés, la playa o la calle Corrida, Gijón superó las expectativas. «Parece que toda la ciudad se ha volcado en acogernos y darnos una bienvenida agradable», opinaba la londinense Jane Brown, sorprendida por los desvíos del tráfico programados para recibir los autobuses lanzadera de El Musel. «Es un lugar encantador», aseguró mientras su marido consultaba el mapa en busca de una cafetería donde tomar café y algo de comer. «No nos gusta ir al típico sitio de comida rápida, queremos absorber lo que cada lugar tiene para ofrecer», puntualizaban.

Esa misma expedición llevó a Ann Turner y sus amigos Lynn, Heather y Dave a una terraza frente a la Colegiata, desde donde contemplaban el trajín matinal de un día soleado. «Nos sorprende la cantidad de perros que hay por la calle, pero sobre todo en la playa. ¿Es tradición?», preguntaban, aportando el calificativo de 'dogfriendly' antes de saber que la ciudad fue reconocida precisamente por ello. «Está claro que hay mucho que explorar aquí, y precisamente gracias a que parece haber poco turismo creo que conserva su carácter. Es un lugar amigable, precioso. Casi es mejor que permanezca como una joya desconocida...», apuntaban.

Uno de los aspectos que más destacaron es la variedad de pequeños comercios, boutiques de ropa y de recuerdos «originales» encontrados.

«Estamos cansados de ver centros de ciudades idénticos, con las mismas tiendas de cadenas, y aquí se ve que tenéis variedad. Es agradable observar pequeños establecimientos distintivos», comentaron Leslie y Vivien Parker, procedentes de Hertfordshire, en el Campo Valdés. «Solo nos falta ir de compras y probar la sidra para sentirnos como unos auténticos locales».

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