Gijón, «agradable y bella sorpresa»

El ‘Britannia’, fondeado en El Musel. / Arnaldo García

El crucero 'Britannia', con un pasaje de 3.800 personas, recaló en El Musel

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

En las diecisiete cubiertas y 330 metros de eslora del crucero 'Britannia' se dan cabida todas las comodidades necesarias para no salir del buque: siete restaurantes de comida de todo el mundo; un anfiteatro con aforo para 750 personas; casino, gimnasio y un pequeño centro comercial en la cubierta seis. Pero cuando llega a puerto, en un día soleado y a una ciudad casi exótica para sus pasajeros como 'Guishón' -así lo pronuncian-, una gran mayoría de los 3.800 viajeros a bordo abandona la moqueta del barco para adentrarse en 'the old town', Cimavilla, o buscar 'the beach of San Lorenzo'.

El 'Britannia' es un buque blanco e inmenso en cuyo arco de proa una enorme Union Jack -la bandera de Reino Unido- de 94 metros anticipa la nacionalidad predominante de su tripulación. Hasta sus interiores son, según una de las azafatas, «very british». «Está construido para sentirlo como un hogar a millas de distancia de casa», resaltaba ayer Fiona, anfitriona de entretenimiento en el buque. El pasaje es variado: familias con niños, algún grupo de jóvenes, y sobre todo matrimonios jubilados que pasan siete días navegando y descubriendo nuevas ciudades de Francia y el norte de España.

«No lo recordábamos. Pero creo que ya hemos estado aquí», exclamaban los Fitzpatrick desde la terraza al ver el 'Elogio del Horizonte' al fondo. Justificaban su despiste «por el buen tiempo, que no había acompañado en la escala del último crucero», y se disponían a bajar por alguno de los once ascensores hacia la tierra firme de El Musel, donde les esperaban 21 autobuses-lanzadera promovidos por el Ayuntamiento para transportar a los viajeros hasta la plaza del Marqués.

Una vez allí se interesaron por visitar las Termas, la Laboral o el Jardín Botánico, lugares de los que ya les habían hablado en el barco. También abarrotaban terrazas y tiendas de souvenirs. «Venimos cargados, aquí hay mucho que comprar», destacaban Graham y Adele Smith tras hacer gasto. Los hermanos Rob y Doug Waggot, de Bristol, admiraban la belleza del Puerto Deportivo, mientras Amanda Sugden y Jane McLaughlan se sorprendían de no haber oído hablar antes de una ciudad «tan bonita». «Ha sido una agradable sorpresa», comentaban.

Es la primera vez que el 'Britannia' hace escala en Gijón, pero su capitán, Wesley Dunlop, ya conocía el puerto, al que volverá en otras dos ocasiones a lo largo del año. Ayer intercambió metopas -como se conoce a los cuadros náuticos- y obsequios con el concejal de Turismo, Jesús Martínez Salvador, y la responsable de negociado con cruceros de la Autoridad Portuaria, Isabel Valdés. Ambos destacaron el «considerable aumento de este tráfico en los últimos años».

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