Cuatro años de prisión para el acusado del homicidio imprudente de Silvia Hernández en Roces

Celestino G. V., durante el juicio. /Daniel Mora.
Celestino G. V., durante el juicio. / Daniel Mora.

La sentencia llega una semana después de que el jurado popular emitiese un veredicto en el que consideraba que el procesado no había tenido intención de matar y que se había tratado de una imprudencia

Olaya Suárez
OLAYA SUÁREZGijón

La Sección Octava de la Audiencia Provincial ha condenado a cuatro años de prisión a Celestino G. V. por el homicidio imprudente de Silvia Hernández en Gijón, la que era su compañera sentimental. La sentencia llega una semana después de que el jurado popular emitiese un veredicto en el que consideraba que el procesado no había tenido intención de matar y que se había tratado de una imprudencia. Para esa tipificación del delito, el tribunal profesional podía condenar al procesado con entre uno y cuatro años de cárcel. Ha optado por el rango más alto de la pena.

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La fiscalía y la abogada del Estado consideraban que los hechos eran constitutivos de un delito de homicidio y solicitaban para el acusado una condena de 22 años de prisión y otros ocho de libertad vigilada. La acusación particular y la acusación popular, ejercida por la Asociación de Abogadas para la Igualdad, pedía la pena de prisión permanente revisable por el delito de asesinato. Las acusaciones analizan ahora el fallo judicial y estudian los pasos a seguir para recurrir ante el Tribunal Superior de Justicia de Asturias.

El cuerpo sin vida de la gijonesa de 34 años fue encontrado en casa de su novio en el barrio de Roces en marzo de 2016. Presentaba dos heridas de arma blanca en el costado y en una axila. Le afectaron a los órganos internos. La versión del procesado, la que finalmente fue tenida en cuenta por el tribunal popular, pasaba por que habían forcejeado para quitarle el cuchillo con el que ella quería quitarse la vida. «Ella se tranquilizó y al día siguiente se quejaba de un dolor, pero no quería ir al hospital, aunque yo le insistí, fue a los dos días cuando al despertar, vi que no se movía y que le salía sangre por la boca», relató el procesado. Su abogado mantenía la libre absolución.

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