Cuatro becas, otros tantos países y dos meses de verano

Laura Martínez, en una actuación en el Jovellanos.
Laura Martínez, en una actuación en el Jovellanos. / E. C.

La bailarina gijonesa Laura Martínez comienza en Portugal la primera de sus estancias para «reforzar el clásico»

GLORIA POMARADA GIJÓN.

El verano de la gijonesa Laura Martínez transcurre en una pista de baile bien distinta a las que frecuentan los jóvenes de su edad. Esta bailarina de quince años se ha alzado con cuatro becas para completar su formación durante las vacaciones y, este mes, disfruta de la primera de ellas en la academia de ballet de la localidad portuguesa de Leiria.

No serán las primeras vacaciones que Laura pase en escuelas de danza, pero sí es la primera que se forma fuera de España. Ante la apretada agenda estival que tiene por delante, en Laura no hay rastro de pesadumbre por la renuncia al descanso. «Me lo planteo bien, feliz porque hago lo que más me gusta», confiesa. Durante este mes en la academia lusa, con clases de nueve de la mañana a siete de la tarde, confía en reforzar el clásico, «la base de todo, es más estructurado y tienes que ir paso por paso. En cambio, el contemporáneo es más fluido, te lleva la música», detalla. También tendrá tiempo para pulir lo que define como «su estilo», la metodología cubana.

A la beca de Portugal se suman las conseguidas en el Dance World Cup Spain, celebrado en febrero en Burgos, donde consiguió plaza en el Campus Internacional de Danza de Valencia y el Instituto IALS de Roma. A estas becas se une la lograda en marzo para la National Dance Academy de Dublín. Esta última y la del instituto italiano tendrán que esperar unos meses por la ausencia de huecos en su calendario.

Desde los dos años, Laura vive por y para la danza. «Es algo que llevo en la sangre», cuenta.

«Fue la única niña que admití en la academia con esa edad, normalmente empiezan a los cuatro», explica Nuria Argüelles, directora de la Academia Candilejas. La mentora reconoce que aceptó solo por la insistencia de la madre de Laura. Hoy confiesa que acertó con el experimento. «Nada más que la vi me dejó impactada». Hace cinco años, Laura ingresó en el Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón. Cada día, al salir del instituto, prolonga sus estudios hasta las nueve de la noche. «Me formo en danza clásica y contemporánea», explica. A las veinticinco horas de lunes a viernes se suman los ensayos por su cuenta en fin de semana. Para pulir lo aprendido en el Conservatorio, Laura Martínez regresa a la academia de El Coto en la que dio sus primeros pasos.

Los sábados se permite disfrutar del baile moderno junto al resto de alumnos. «Es trabajadora al máximo, quita horas de su vida libre para meterse a ensayar», cuenta Argüelles.

«Aprovecho para estudiar los domingos y con los amigos no suelo salir mucho», precisa la propia bailarina. La dedicación y el esfuerzo que Laura pone en la danza se orientan hacia una meta. La de convertirse en bailarina profesional. Con quince años, trece de ellos sobre la pista de baile, se acerca el momento en que la joven tenga que dejar Asturias.

El sueño del American Ballet

«Aquí bailar se considera un hobby. Lo que necesita es salir, porque el nivel que tenemos no está considerado alto», lamenta. Sobre el destino, apunta a Madrid o Barcelona para «tomar clases con gente importante, no solo durante los veranos». Mientras los demás especulan sobre su futuro, Laura sigue formándose. Sabe que es el único camino hacia su sueño, bailar algún día junto al American Ballet.

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