Cuatro décadas ejerciendo como «perfecto funerario»

Manuel Coyá (cuarto por la derecha), rodeado de familiares, amigos y compañeros. / PALOMA UCHA
Manuel Coyá (cuarto por la derecha), rodeado de familiares, amigos y compañeros. / PALOMA UCHA

Encargado de la Funeraria Gijonesa desde los 23 años, Manuel Coyá Señor se jubila este mes

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Manuel Coyá Señor pensaba que acudía a una comida familiar con motivo de la graduación de su nieto mayor. Pero cuando llegó al restaurante se encontró con más de 150 personas que querían agradecerle sus 41 años de servicio como encargado de Funeraria Gijonesa. «He sido totalmente engañado, me han hecho una emboscada», bromeaba tras la mayúscula sorpresa.

Manolo, como le llaman sus amigos y compañeros, se jubila. Empezó como encargado con 23 años. «En aquel momento era una funeraria particular, y en el año 1983 se fusionó con la Funeraria Gijonesa. A partir de ahí, hasta el 2001 estuve en la oficina en la calle los Moros. Entonces pasé al Tanatorio, y hasta la fecha». Así de rápido resume cuarenta años de trabajo, aprendizaje y grandes cambios. Comenzó en un tiempo en que no había ordenadores, los registros eran enormes libros en los que había que bucear en busca de datos para realizar cualquier trámite administrativo y los velatorios se hacían en los domicilios particulares. «Entrábamos en una casa, buscábamos la habitación más adecuada para instalarlo y llevábamos al fallecido, porque otro lugar no había». El tanatorio de Cabueñes, que se inauguró hace 25 años, supuso «un cambio abismal. Facilitó enormemente tanto el trato con las familias como el trabajo diario», reconoce.

¿Anécdotas? «Muchas», pero Manuel es muy discreto -deformación profesional- y huye de detalles morbosos. Recuerda cuando tenía que localizar a los sacerdotes a través de centralitas, las coronas eran artificiales y no existían métodos para bajar a los fallecidos de los domicilios, pero ante todo se queda con «el cariño de la empresa y los compañeros». «El nuestro es un trabajo complicado que exige un respeto grandísimo hacia los tramitadores y hacia las familias. La satisfacción que recibes de éstas es muy grata, y resulta importantísima para nosotros, más teniendo en cuenta el momento por el que pasan». Del trato diario con gente aprendió «de todo».

«También los organismos oficiales me demostraron un gran cariño y una gran confianza en todo momento». Forenses, jueces, funcionarios, compañeros...todos acudieron ayer a despedir a Manuel, quien en palabras de su jefe ha sido «el perfecto funerario».

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