El deporte asturiano llora la muerte de José Antonio Mateos

José Antonio Mateos en su despacho de Obrerol./J. B.
José Antonio Mateos en su despacho de Obrerol. / J. B.

El balonmano pierde a su máximo impulsor, insignia de oro de la Federación | Desarrolló su faceta profesional con negocios de hostelería en Gijón y la gerencia de Obrerol

J. L. C. / CH. T.

«Gran entrenador, mejor persona. Fue el único que me dijo a la cara que no valía para esto y, encima, le aprecio un montón. Grande Mateos». El 'esto' a que se refiere Horacio Tascón, que fue copropietario con sus hermanos del Hotel León, es el balonmano. Y sus calificativos van dirigidos hacia el que fuera máximo impulsor de ese deporte en Asturias. No solo en el Grupo Covadonga, donde junto con José Antonio Roncero convirtió a las sección en una de las imbatibles, sino en toda la región. Antes de llegar a la entidad de Las Mestas fue entrenador del histórico Revillagigedo

No en vano, José Antonio Mateos (Gijón, 1952) es Insignia de Oro 2015 de la Federación de Balonmano del Principado, entidad que también le otorgó el Premio a la Trayectoria, en la gala celebrada en 1997. Por ese motivo, su salida de la cancha vital, el pasado sábado, a los 65 años, llenó de consternación al mundo deportivo. Desde de la Federación se emitió un comunicado de condolencias en el que se asegura de Mateos que es «una de las personas más destacadas de la historia del balonmano asturiano». Se recuerda su pasado como entrenador durante años en el Grupo Covadonga, así como su faceta de «directivo y exvicepresidente» de la Federación asturiana. Sin olvidar que el gijonés era, es, «una persona muy especial y muy querida por toda la familia del balonmano asturiano».

Candidato a la presidencia

También su segunda casa, el Grupo Covadonga, emitió ayer un mensaje de condolencia. «Tristemente, hoy tenemos que despedir a un grupista muy querido», lamentó el club, «que vivió y amó al Grupo intensamente, en particular al balonmano, deporte del que fue uno de sus mayores impulsores».

En la entidad, Mateos llegó a ser entrenador del equipo sénior grupista durante dos décadas para dejar la sección del deporte de su vida e incorporarse, después, a la directiva de Ángel Cuesta. No obstante, siguió ejerciendo como delegado de campo hasta que dejó de realizar esta función en la posterior etapa de Enrique Tamargo.

De él fue contrincante en las elecciones a la Presidencia grupista de 2012. Había sido su vicepresidente tres años, en continuidad con su paso por la directiva de Ángel Cuesta. Aunque, al final, retiró su candidatura, el eterno entrenador de balonmano definió, en una entrevista concedida a EL COMERCIO, aquella aventura como «una carrera de obstáculos. Ha sido una lucha de gomeros contra tanques».

Pero el balonmano, con ser su etapa más destacada, no fue la única. Su labor profesional más conocida fueron los negocios de hostelería como los pubes Limón y Espejos, en la calle Ezcurdia, próximos a El Molinón, así como La Vinatería, un santo y seña en La Ruta. A ello se suma que gestionó la empresa Obrerol, vinculada al ramo textil. Ese cargo le supuso momentos duros, ya que la irrupción en el mercado de los productos chinos se convirtieron en una competencia imposible de salvar. «Hoy, fabricar una camisa cuesta un 75% menos en China que en Asturias», decía a este periódico en 2005, cuando era presidente de la Asociación Asturiana de la Confección.

Representantes de todos sus mundos arropan desde el sábado a su familia. Su mujer, Ena González, y su hija, Ena Victoria, le velan en la sala 10 del Tanatorio de Cabueñes. Lo harán hasta las 17 horas de hoy, cuando se celebre su funeral en la iglesia de San Nicolás de Bari, en El Coto. Porque Mateos ha dejado la cancha.

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