«Nos echan como si fuésemos okupas», claman los expropiados de El Arbeyal

Varios afectados por el derribo de la vivienda y las naves industriales se lamentan frente a dos agentes de la Policía. / ARIENZA

El derribo de los últimos edificios afectados por la construcción de cuatro bloques residenciales desata la indignación de propietarios y vecinos

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

«Yo no quiero marchar, a esto no hay derecho. Si saliera el juicio marchaba con la cabeza alta y dando las llaves, pero que te echen así de esta forma, con tantos furgones... Nací aquí en esta casina y ahora me echan como a una okupa». Violeta Suárez, gijonesa de 74 años, no pudo contener las lágrimas ante las últimas imágenes que conservará de su casa, la última que quedada en pie en los terrenos de El Arbeyal en los que ya se proyectan más de 200 viviendas.

A las ocho de la mañana, una antes de lo previsto, un amplio dispositivo formado por Policía Local, Policía Nacional y una ambulancia llegó a la calle Pachín de Melás para supervisar la retirada de los últimos enseres del domicilio y de las dos naves que quedaban en la zona afectada por el Plan Especial de Reforma Interior (PERI) de El Arbeyal. Una de ellas, sede de Mármoles Santa Olaya, alojaba un negocio familiar que hasta ayer mismo seguía apurando los últimos pedidos antes de abandonar las instalaciones.

El conflicto, que se alarga desde hace más de un año, ha puesto en pie de guerra a los propietarios de estas dos edificaciones -la tercera es una nave industrial ya en desuso- por la construcción de cuatro bloques residenciales en el terreno que hasta ahora ocupaban. Los propietarios consideran que la indemnización recibida es insuficiente, «una limosna que solo da para un piso de segunda». En noviembre, el juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 1 autorizó el desalojo de las parcelas, una resolución recurrida al Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA).

«Toda una vida trabajando duro para acabar así, es muy triste. Tendrían que estar aquí todos los vecinos de La Calzada para evitar esto», afirmaba una de las muchas vecinas que se congregó frente a la parcela expropiada para mostrar su apoyo a las familias afectadas. A la entrada de la parcela, vallada en su totalidad, se vivieron momentos de tensión a raíz de las quejas de los vecinos. «Nos tratan como si fuéramos de la ETA», lamentaba Suárez frente a la Policía Local, que se mostró comprensiva con las peticiones de los vecinos a la hora de retirar las últimas pertenencias.

Demanda en trámite

Los abrazos y los llantos de los afectados fueron remitiendo con el paso de las horas. Muchos de ellos fueron abandonando la zona una vez comenzaron los derribos. Los trabajadores de Mármoles Santa Olaya, por su parte, tuvieron que ultimar durante la mañana de ayer los dos últimos pedidos que le quedaban pendientes.

El único incidente registrado fue el del marido de Violeta, que arrastraba problemas de salud y tuvo que ser trasladado en un coche particular para que su estado no empeorase. El conflicto, según los afectados, no se cerrará hasta que el TSJA se pronuncie sobre la demanda presentada por los propietarios.

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