Lo que esconde la ciudadela de Celestino Solar

La historiadora Nuria Vila dio explicaciones desde el interior de la ciudadela y en el paseo del Muro. / A. Z.

Medio centenar de personas participan en una visita guiada a pesar de que el recinto todavía está en obras

M. MENÉNDEZ GIJÓN.

Se accede a ella por un estrecho pasillo de la calle de Capua. Lleva cerrada varios meses, ya que está en pleno proceso de rehabilitación, pero la ciudadela de Celestino Solar es el último ejemplo de viviendas obreras de finales del XIX que queda en Gijón. A últimos de septiembre o principios de octubre se espera que se pueda volver a abrir al público con un completo conjunto expositivo.

Como aperitivo, ayer cerca de medio centenar de personas pudieron descubrir los secretos que encierra la ciudadela. Y lo hicieron de la mano de su mejor conocedora, la historiadora y documentalista del Museo del Ferrocarril, Nuria Vila. Fue una de las actividades incluidas en las II Jornadas de Patrimonio Histórico Industrial, 'Habilitando el patrimonio, rehabilitando la memoria', organizadas por la Universidad de Oviedo, los ayuntamientos de Langreo, Laviana, Mieres, Oviedo y Gijón y el Gobierno del Principado.

Construida en 1877, este conjunto de 23 viviendas modestas y dos patios tuvo vida hasta la década de 1980, cuando se derribaron las casas por cuestiones de salubridad. En 2003 se rehabilitaron y se creó un espacio museístico, pero fue necesario realizar una nueva reforma, que se está llevando a cabo ahora.

Nuria Vila ya advirtió que desde el interior de la ciudadela es difícil hacerse una idea de su ubicación en pleno martillo de Capua. Por eso, se llevó a los visitantes al Muro, desde donde pudieron comprobar mucho mejor la distribución de todo el espacio. Plano en mano, Vila narró cómo el marqués de Casa Valdés compró a mediados del XIX todos los solares del arenal en los que se pensaba hacer el ensanche de Gijón y cómo Celestino Solar adquirió prácticamente toda la manzana que hoy ocupa la ciudadela. «Cuando la construyó no había nada alrededor. La ciudadela llegó primero que el resto de edificios», apuntó la historiadora. Solo queda esta, pero en La Arena hubo unas 200 ciudadelas similares. La de Capua llegó a tener hasta 106 habitantes en la década de 1920 y, tras un leve descenso, después de la guerra civil llegó a los noventa.

Pegada a la bombilla

Aún hoy quedan testigos de cómo se vivía en esta ciudadela, que tenía luz pero con bombillas de muy baja potencia. «Una mujer me contó que cosía sobre una banqueta encima de la mesa, junto a la bombilla, para poder ver bien», contó Nuria Vila. Y anécdotas como esa, muchas para deleite de los participantes en la visita. Eso sí, la historiadora quiso dejar claro que en este tipo de viviendas no vivía gente marginal, sino obrera de las más diversas profesiones. Alguna de ellas, de tan solo 23 metros cuadrados, llegaban a contar con un pequeño taller donde realizar pequeños trabajos o, incluso, un comercio.

A partir del otoño se podrá disfrutar en este espacio de una exposición permanente, con una de las viviendas completamente equipada con ajuar y muebles de la época, y otras muestras temporales. Antes, el próximo jueves, en la Feria de Muestras, continuarán estas jornadas con una mesa redonda sobre 'El patrimonio industrial material e inmaterial de Asturias'.

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