La Escuela de Marina Civil de Gijón se queda sin humedades

La Escuela de Marina Civil de Gijón se queda sin humedades
Guillermo Camblor, aparejador de la Universidad; el arquitecto Diego Cabezudo; el rector, Santiago García Granda; la vicerrectora Marta Hernando, y el director de la escuela, Rubén González. / A. FLÓREZ

La reciente rehabilitación de cubiertas y bóvedas, que costó 725.000 euros, mejora el aislamiento térmico y soluciona los problemas de filtraciones

LAURA MAYORDOMOGIJÓN.

Los problemas de humedades y filtraciones que venía sufriendo la Escuela Superior de Marina Civil son ya cosa del pasado. El edificio en el que cursan estudios cerca de trescientos alumnos de grado y máster acaba de ser rehabilitado con una inversión de 725.000 euros. Las obras, que duraron cinco meses, se han centrado en la renovación de las antiguas cubiertas planas, de las semibóvedas laterales y de la gran cúpula central, que ahora cuentan con una doble y en algunas zonas hasta triple capa de materiales mucho más eficientes. Entre otras cosas, los trabajos han permitido mejorar el aislamiento del edificio, lo que, a medio y largo plazo, se traducirá en una importante rebaja en los gastos de calefacción. «Es una mejora importante porque la escuela tenía unas deficiencias que estaban alterando incluso el desarrollo normal de la actividad», explicó su director, Rubén González. Ahora «ya no tenemos que preocuparnos de otra cosa que no sea la actividad académica», apuntó.

Diego Cabezudo, el mismo arquitecto que hace ahora treinta años proyectó la Escuela Superior de Marina Civil, se ha hecho cargo de la reforma, cuyo resultado mostró ayer al rector, Santiago García Granda, y la vicerrectora de Recursos Materiales y Tecnológicos, Marta Hernando. «Es una satisfacción ver el buen estado en que se encuentra el edificio después de treinta años, salvo esos pequeños defectos casi casi de falta de conservación», presumió.

En su exposición del trabajo realizado, Cabezudo ahondó en el aspecto del ahorro energético. Durante las obras, explicó, se colocó un termómetro en uno de los pasillos laterales en los que ya se había renovado la semibóveda y otro en el ala donde aún no se había actuado. La diferencia de temperatura era notable. En la zona con la cubierta renovada había hasta cinco grados más. Lo más complejo, apuntó, fue la renovación de las placas que cubren la bóveda central -con 50 metros de largo, fue la primera de este tamaño que se construyó en España en policarbonato- «porque son piezas muy grandes, de catorce metros de longitud, que, como hubiera un poco de viento, las volaba». Para colocarlas se necesitaron dos grúas de 30 toneladas que fueron introducidas en los patios interiores con la mayor grúa del país, de sesenta metros de bandera.

Sin suspender las clases

Las condiciones meteorológicas fueron lo único que condicionó el ritmo de los trabajos, que se llevaron a cabo en periodo lectivo y sin alterar la actividad de la escuela. Además de las cubiertas, se repasaron todas las fachadas para corregir algunos desperfectos causados por la acción del tiempo, se reparó el hormigón visto de las cuatro escaleras de emergencias situadas en los laterales y se instalaron barandillas en las rampas para el acceso de discapacitados.

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