«En escultura pública, Gijón realizó una acertada apuesta por la modernidad»

Soledad Álvarez, en el Ateneo Jovellanos, donde inauguró el ciclo 'Gijón y sus esculturas públicas'. / J. PETEIRO
Soledad Álvarez, en el Ateneo Jovellanos, donde inauguró el ciclo 'Gijón y sus esculturas públicas'. / J. PETEIRO

La catedrática Soledad Álvarez elogia el proyecto «pionero, modélico y bien programado» entre 1985 y 2005. Su charla abrió el nuevo ciclo del Ateneo

ADRIÁN AUSÍN GIJÓN.

«'Sombras de luz' podría estar en Nueva York o en cualquier capital cultural del mundo». Con esta alusión a la obra de Fernando Alba, rebautizada como 'las chaponas', María Soledad Álvarez (Ujo, 1951) quiso poner ayer acaso un solo ejemplo de «la acertada apuesta de Gijón por la modernidad» en la escultura pública con un proyecto «pionero, modélico y bien programado», que enmarcó especialmente entre los años 1985 y 2005. La catedrática de Historia del Arte abrió el ciclo del Ateneo Jovellanos 'Gijón y sus esculturas públicas' con una charla introductoria en la que no rehuyó los ejemplos concretos e incluso las comparaciones con la capital del Principado.

En primer lugar, Álvarez se remontó a la Grecia Clásica para recordar la evolución de la obra pública de una época en que tuvo una función conmemorativa (una batalla, un emperador, un filántropo) para saltar a la transformación experimentada en los años sesenta del pasado siglo, cuando el arte público se baja del pedestal y «pasa a establecer un vínculo indisociable entre la obra y el lugar». Diez años después, ese nuevo concepto emergente en Estados Unidos salta a Europa y curiosamente en 1970 se inaugura en Gijón el 'Monumento a la madre del emigrante' de Ramón Muriedas que supone, en ese contexto, «un puente» entre ambos conceptos, «un punto de partida de la ruptura con el arte tradicional».

La apuesta local por la nueva vanguardia, prosiguió la catedrática, tuvo su hito más determinante en la instalación de la obra de Eduardo Chillida en el cerro de Santa Catalina en 1990. El 'Elogio del horizonte', «magnífico» a su juicio, ejemplificó esa idea alumbrada en los años ochenta de «regenerar la ciudad a todos los niveles: urbanístico, estético, económico, social, cultural...» en la cual la escultura pública no tendría una función meramente decorativa, de adorno, sino de aportar un lenguaje plástico contemporáneo que aportase un valor añadido. «Se apostó por la modernidad con un proyecto planificado y se acertó. No todas las obras consiguieron desempeñar las funciones ideales, pues es algo muy difícil de lograr, pero el porcentaje de acierto es muy significativo», reflexionó.

Ese nuevo papel de la obra pública lo definió Álvarez en un contexto muy amplio: «Redefinir un espacio, hacerlo social y artístico, aportar un elemento significativo a un barrio anodino de nueva creación, dar nuevos usos a un espacio desindustrializado, ser punto de encuentro o conversar con un entorno marítimo...». Todo ello se da en Gijón.

Excepcionalidad litoral

Álvarez destacó el espléndido resultado alcanzado en el litoral, donde se alinean obras excepcionales, entre las que destacó las de Chillida, Alba o Adolfo Manzano ('Cantu los díes fuxíos'), o en Moreda, con la pieza de Francisco Fresno 'Torre de la memoria'. «Lo que se hizo en el marco del proyecto escultórico de los años mencionados (1986-2005) fue bastante acertado, siempre con unas cosas mejores que otras», anotó.

Hasta tal punto resultó exitosa la apuesta de Gijón por esa vanguardia cultural que la ciudad marcó tendencia en una línea que tiene en Asturias claros ejemplos también en Avilés, Candás, con su interesante parque escultórico, o la senda de los doce puentes de Vegadeo, esta última claramente inspirada a su juicio en el modelo gijonés.

No podía faltar la comparativa con Oviedo, donde reside esta experta en el parque escultórico gijonés. «Salvo alguna pieza, como 'Esperanza leyendo' de Julio López, que además está mal ubicada bajo una farola, frente al Campoamor, es un modelo con una escultura meramente anecdótica que se salva solo en la calidad técnica o la ejecución (otras ni eso). E incluso en algunas ocasiones es un obstáculo con el que te tropiezas. Mientras en Gijón si quitasen ahora una escultura asentada pasaría mucho, en Oviedo no pasaría nada. Creo que con decir esto es suficiente», ilustró.

Dibujado el contexto, Álvarez, muy aplaudida ayer, regresará al Ateneo Jovellanos el 26 de abril para ofrecer una segunda charla en la que entrará a fondo en las piezas más emblemáticas de Gijón.

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