Espectaculares Fuegos en Gijón

Las ‘palmeras lloronas’ se llevaron las mayores ovaciones de un público que disfrutó en la Noche de los Fuegos

PALOMA LAMADRID | ÓSCAR PANDIELLOGIJÓN.

La inestable meteorología de este verano dio una tregua esta madrugada a los cientos de miles de gijoneses y visitantes que llenaron el corazón de la ciudad para contemplar los Fuegos. Al contrario de lo que sucedió al año pasado, cuando una densa niebla cubrió la bahía, el espectáculo diseñado por Pirotecnia Pablo sí pudo contemplarse esta vez sin problemas. En los primeros cinco minutos el espectáculo, que comenzó con el rojo y blanco de Gijón, ya se había ganado a un público volcado con la sucesión de figuras, como las palmeras y una preciosa estrella roja que sorprendió a muchos. Al ruido de los fuegos artificiales solo le hacía la competencia la intensidad de los aplausos. Había ganas de fuegos y se notó en la elevada asistencia, sin prácticamente un hueco libre en las zonas desde las que se sigue el espectáculo, que estuvo a la altura, e incluso superó, de las expectativas, con un diseño ágil, en el que apenas hubo lugar para las pausas en los 26 minutos que se prolongó la sucesión de figuras de color.

Las fuerzas de la naturaleza, en sentido metafórico, se dejaron sentir en el cielo gijonés en una explosión de luz y sonido en el que primó la altura y el ritmo. ‘Aurora boreal, arcoíris y terremoto en la Noche de Begoña’ es el título del juego de artificios que brilló sobre Gijón para festejar la llegada del Día Grande. El firmamento se tiñó de rojo, verde, amarillo y azul mediante secuencias pirodigitales para recrear el primero de los fenómenos, más propio de las zonas polares.

Asimismo, un arco rojo, naranja, amarillo, verde, cian, azul y violeta, lanzado en abanico desde once ángulos, brotó sobre el cerro de SantaCatalina, un arcoíris que se apreció con mucha claridad desde Poniente. Los espectadores también disfrutaron con el primero de los tres terremotos que se sucedieron a lo largo del espectáculo ideado por la empresa de Cangas del Narcea, una veterana ya en la Noche de los Fuegos.

Además de estas novedades introducidas en un conjunto de artificios especialmente pensado para la Semana Grande, no faltaron figuras clásicas. Como los ‘huevos de dragón, cuya estela se perdía a nivel del mar, y los coloridos ‘crosettes’; así como los ‘átomos’, las ‘perlas blancas’ y los ‘crisantemos’, tras cuyos lanzamientos se ilumina la ciudad. «Cuánto color», se escuchaba.

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El público también celebró con entusiasmo los ‘estroboscópicos’ y la sección de grandes ‘palmeras lloronas de Kamuro’, especialmente estas últimas, que generaron exclamaciones de admiración y grandes aplausos. Fueron unas de las grandes triunfadoras de la noche.

Palmeras que dieron paso a los bombardeos finales de color y trueno, que se repartieron en fases encadenadas y ascendentes. Como colofón, estalló en el cielo la ‘Descarga canguesa’, un artificio exclusivo de Pirotecnia Pablo, que consistió en lanzamientos piramidales de truenos de titanio acompañados por los colores rojo y blanco, que forman la bandera de la ciudad.

La apoteosis final llegó con el tercero de los terremotos de gran calibre cuyos ecos se oyeron en numerosos rincones de la ciudad.

Con el sonido del seísmo aún en los oídos, los asistentes a la Noche de los Fuegos rompieron a aplaudir para celebrar que este año Gijón sí pudo ver el espectáculo pirotécnico con el que comienza cada año el 15 de agosto, día de la Virgen de Begoña. Aplausos y vítores – «estuvo muy bien, menos mal», decía una joven– se dejaron oír entre el estruendo para despedir, hasta el año que viene, los Fuegos.

En total, fueron algo más de 5.000 unidades de artículos pirotécnicos distribuidas en sesenta conjuntos comandados por 960 órdenes de disparo transformaron la noche en día. Más de una tonelada de explosivos que los técnicos lanzaron al firmamento en una intensa media hora. Este castillo de fuegos artificiales supuso dos semanas de elaboración y montaje previo, además de dos jornadas de trabajo sobre el terreno. Dieciocho personas se encargaron de dar forma al espectáculo pirotécnico, que se desplegó en siete alturas de fuego. La firma pirotécnica consiguió el contrato para encargarse de la Noche de los Fuegos por 47.432 euros. Al concurso convocado se presentaron seis ofertas, una de las cuales quedó descartada por defectos detectados en la documentación.

Frente al chasco del año pasado, cuando los artificios quedaron deslucidos por la niebla que cubrió el cielo desde la tarde, la satisfacción fue el común denominador entre los espectadores. Solo alguna figura quedó menos clara a causa del humo de los Fuegos, pero fue algo ocasional.

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