La exigencia de garaje propio y dos ascensores complica el hotel de cinco estrellas en el centro

Edificio del antiguo bar El Molinucu, en la esquina de las calles de Domínguez Gil y La Merced.
Edificio del antiguo bar El Molinucu, en la esquina de las calles de Domínguez Gil y La Merced. / CITOULA

El promotor del proyecto en el edificio de El Molinucu estudia tres variantes para adecuar el espacio a las normativas regional y municipal

MARCOS MORO GIJÓN.

El proyecto hotelero diseñado para el edificio de El Molinucu se retrasa como mínimo un año y además cada vez tiene más complicado poder abrir con la calificación de cinco estrellas. Su promotor, el empresario Tino Álvarez, reconoce que en este momento no sabe qué tipo de alojamiento podrá poner en marcha. Tras realizar las pertinentes consultas con los inspectores de Turismo del Principado, se ha encontrado con que la exigencia de la normativa sectorial de un garaje propio y de dos ascensores (uno de ellos montacargas) pueden acabar siendo obstáculos insalvables para conseguir las ansiadas cinco estrellas para la ciudad.

El centenario inmueble catalogado en la esquina de la calles Domínguez Gil y La Merced, en pleno centro urbano, no tiene espacio para aparcamiento y dos ascensores parecen demasiados para un hotel que tan solo contará con 35 habitaciones. Tino Álvarez opina que estos requisitos demuestran que la normativa que aplica la Administración autonómica «está obsoleta». «El problema es que mientras no se cambie nadie está exento de no cumplirla», señala. El empresario ha ofrecido como alternativas contar con un servicio de aparcacoches y un único elevador, pero de mayor capacidad y velocidad.

Las trabas para desarrollar este proyecto no solo han venido del Gobierno regional. En el Ayuntamiento los técnicos le han trasladado que la rehabilitación del céntrico edificio para usos hoteleros debe cumplir la normativa más restrictiva de dos Planes Generales. El de 1999, el vigente, y la revisión que se está tramitando actualmente. «Planes generales que ponen exigencias que no están claras en diversos aspectos o que directamente se contradicen entre sí», afirma.

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Hay cuestiones técnicas como las relacionadas con la normativa antiincendios que le obligan a tener una escalera de emergencia y la salida de humos para la cafetería en planta baja. Medidas que como los ascensores restan espacio para las habitaciones. Calcula que se perderían entre cinco y diez para cumplir con todas las exigencias técnicas necesarias para conseguir la máxima calificación hotelera. «Igual no compensa. El hotel, según el plan de empresa, no puede tener menos de 30 habitaciones para garantizar una mínima rentabilidad. Hay que tener en cuenta que para darles un servicio óptimo se necesitan 25 empleados», explica.

El proyecto básico del hotel está entregado en el Consistorio desde hace diez días y a partir de él Álvarez espera obtener la licencia para poder empezar con las demoliciones interiores en octubre, que llevarán tres meses. «Una vez que tenga esa licencia veré hacia dónde encamino mi proyecto y tomaré decisiones en función del margen de maniobra que den los técnicos», indica. Su objetivo es incorporar estas céntricas plazas hoteleras a la oferta de la ciudad en primavera, para asegurar la campaña de verano.

El hotelero, que gestiona La Aldea Soñada del L'Angliru en Riosa y El Palacete Soñado del Aramo en Morcín, asegura que tiene en este momento en su estudio tres variantes para adecuar el proyecto a las normativas regional y local. Una de ellas, reconoció, prevé renunciar al establecimiento hostelero en planta baja del inmueble para aprovechar ese espacio para habitaciones. Otra alternativa pasa por reducir el número de habitaciones, pero hacer que todas sean suites con 40 metros cuadrados la más pequeña.

Álvarez, quien también tiene pendiente abrir un nuevo hotel en la zona de Galiana en Avilés, asegura que la calificación final que obtenga del Principado no le preocupa. «Al cliente que yo tengo no le importa ir a un cinco, un cuatro o un tres estrellas por el lujo que se encuentra en las habitaciones. En La Aldea Soñada, el alojamiento es a 350 euros la noche y se vende bien», explica. «La calidad que voy a ofrecer, pase lo que pase, va a ser la mejor de Gijón. Se verá en los colchones, las sábanas, los televisores de 50 pulgadas, la minicocina...», enumera.

La ilusión que tenía por abrir el primer hotel de cinco estrellas, apunta, «era más por la propia ciudad, que pide desde hace tiempo un establecimiento de estas características». Prueba de ellos son las dos reuniones que ha mantenido hasta la fecha con el concejal de Actividad Económica y Desarrollo Urbanístico, Fernando Couto. «La realidad es que a día de hoy es mucho más fácil cumplir con todos los requisitos en un edificio de nueva planta a las afueras», añade.

La habitación 302

Las cinco estrellas le han sido tradicionalmente esquivas a la oferta hotelera gijonesa. El precedente fallido del proyecto que ahora se quiere desarrollar en el edificio de El Molinucu fue el más rocambolesco. La cadena AC estuvo prácticamente una década dándole vueltas a la idea de convertir en hotel de lujo la antigua residencia femenina de la Laboral con tiras y aflojas con el Principado. Llegó a presentar allí en 2011 la habitación 302, como los pisos piloto de las constructoras, para bochorno general. Al final, renunció al proyecto.

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