Los expertos alertan del consumo excesivo de bebidas energéticas por los adolescentes

Dos jóvenes toman bebidas energéticas. / JOSÉ SIMAL
Dos jóvenes toman bebidas energéticas. / JOSÉ SIMAL

«Hay componentes que no es obligatorio declarar en el etiquetado, pero cuyo efecto puede ser nocivo», advierte la cardióloga Amelia Carro

PALOMA LAMADRID GIJÓN.

«En un supermercado próximo a los institutos -Doña Jimena, Jovellanos y Fernández Vallín- tienen que reponer cada poco las bebidas energéticas porque los chavales las agotan, cada día toman cantidades mayores». Así lo asegura el coordinador del Grupo de Salud e Igualdad del Conseyu de la Mocedá de Xixón (CMX), Luis Javier Martínez. Precisamente, la sede de este colectivo se encuentra en las inmediaciones de dichos centros académicos y fueron los voluntarios del equipo dedicado a promover los hábitos saludables quienes escucharon este comentario de boca de los empleados del supermercado.

«En las bibliotecas y salas de estudio hay latas de bebidas energéticas en todas las mesas y las papeleras están llenas a rebosar de ellas. Y cuanto más se acerca la época de exámenes, más hay», asegura Ainhoa S. J., estudiante universitaria. Pero su consumo no se limita a los momentos de estudio. Está mucho más extendido. «Cerca de los institutos, a primera hora, ves a un montón de alumnos bebiendo estas cosas», añade esta joven gijonesa. Es una práctica nada recomendable, como reconocen los médicos, por su elevado contenido en azúcares y cafeína.

El 18% de los niños europeos de entre tres y diez años entrevistados por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), en 2013, afirmaron que eran consumidores de bebidas energéticas. Si este porcentaje es alarmante, más lo es el correspondiente al tramo de edad comprendido entre los diez y los dieciocho años: el 68% de los niños y adolescentes residentes en el viejo continente participantes en la encuesta -respondida por más de 52.000 personas- tomaban preparados de este tipo. Es uno de los escasos estudios realizados sobre las bebidas energéticas, pero la preocupación entre los profesionales de la salud es creciente.

Con alcohol

«Una sobredosis de cafeína provoca un estado de excitación y nerviosismo y puede llegar a tener efectos neurológicos», explica Antón Castaño, pediatra de Urgencias en Cabueñes y presidente de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP). No obstante, para llegar a esta situación habría que ingerir dosis muy elevadas de cafeína «o mezclarlas con drogas, legales o no», especifica el doctor. Castaño hace esta alusión porque es muy frecuente que los jóvenes tomen combinados de bebidas alcohólicas y energéticas.

«Está bastante de moda mezclarlas con vodka y Jägermeister (un licor de hierbas)», señala Andrés S. J., de 19 años. Este joven gijonés indica que la ingesta de estas bebidas está tan extendida que una discoteca de la ciudad incluye, en el precio de la entrada, la consumición de un combinado de alcohol con un preparado energético.

Según un informe elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), «los síntomas de una intoxicación por exceso de cafeína son ansiedad, nerviosismo, insomnio, angustia, trastornos gastrointestinales, temblores y taquicardia». «Una vez bebí cuatro bebidas energéticas antes de un examen y me dio un ataque de ansiedad», relata Sara L. M., de 24 años.

No solo se toman bebidas estimulantes para aguantar más horas despiertos en las noches de fiesta o de estudio. También para tener más resistencia en las prácticas deportivas. Amelia Carro, miembro del grupo de trabajo de Cardiología Deportiva de la Sociedad Española de Cardiología, señala que «los deportistas ingieren muchas sustancias con intención de aumentar su rendimiento, tanto en forma de bebidas como comprimidos, solubles, chicles, geles y caramelos. Existe, por una parte, un fuerte impacto comercial que emite mensajes prometedores de rendimiento, efectividad, fuerza y potencia amparándose en su supuesto origen 'natural' (que falsamente se equipara a saludable). Y, por otra, hay un gran desconocimiento».

La cardióloga explica que «existen componentes que no es obligatorio declarar en el etiquetado por considerarse derivados de plantas, pero su efecto puede ser nocivo tanto de forma aislada como añadida a otros componentes». Una vez ingeridos, por su propio metabolismo, tanto los componentes que se declaran como los que no acaban dando lugar a compuestos similares que son las formas verdaderamente activas en el organismo, apunta.

«Estamos hablando de sustancias como guaraná, ginseng, yerba de mate, nuez de cola y hasta efedra (precursora de la efedrina o adrenalina)». Según Carro, se han documentado «efectos nocivos (y hasta letales)» por efecto de estas sustancias a muchos niveles del organismo: crisis hipertensivas (que precipitan ictus), infartos, disfunción hepática, trombosis, arritmias e incluso muerte súbita.

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