Fallece a los 82 años Carlos Prieto, profesor de la Facultad de Derecho durante 47 años

Carlos Prieto González. / E. C.

Casado con la catedrática de francés María Dolores Grande, fue maestro de centenares de abogados asturianos

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Carlos Prieto González, carismático profesor de la Facultad de Derecho y maestro de centenares de abogados asturianos, falleció en el Centro Médico de Oviedo, a los 82 años de edad, tras una larga y penosa enfermedad, rodeado por su familia. Prieto ejerció como profesor de Historia del Derecho en la Universidad de Oviedo durante 47 años, estando ligado a la institución académica asturiana más de medio siglo, ya que en ella realizó los estudios universitarios, en la promoción 1952-57. Tras iniciar su actividad profesional ejerciendo durante un breve periodo de tiempo como abogado en la notaría de su padre, José Prieto Álvarez-Buylla, en Gijón, pronto la vocación por la enseñanza del Derecho, disciplina que amaba y a cuyos estudios parecía encaminado desde su nacimiento en Oviedo (1934) al ser hijo y nieto de abogados, le condujo a impartir clases en la Universidad.

Leyó su tesis doctoral, una de las primeras que se hicieron en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, en 1964, titulada 'La adscripción de la tierra en la Asturias medieval', tema elegido por su tío, el catedrático de Historia del Derecho y exministro de Instrucción Pública y Bellas Artes durante la Segunda República Ramón Prieto Bances, uno de los más destacados impulsores de los estudios de Historia del Derecho en España, lo que hizo que Carlos Prieto se especializase en su enseñanza. Junto a él entraron en aquellos tiempos a formar parte de la plantilla de la Facultad de Derecho una generación de jóvenes profesores que marcaron toda una época en la Universidad, tanto por su calidad como docentes como por su amistad, formando un equipo de profesores inolvidable, entre los que se encontraban Luis Sela, José María Muñoz, Vicente de la Vallina, Luis Carlón, Mariano Abad o Pérez Montero, entre otros. Su relación con el director del departamento de Historia del Derecho, el histórico profesor Ignacio de la Concha trascendió la de la simple colaboración profesional para pasar a ser familiar. Ambos, marcaron toda una época en los estudios de esta asignatura que se cursaba en el primer año de la carrera.

Tras el éxito de su tesis, posteriormente publicó también otros trabajos, entre los que destacan 'Los orígenes de responsabilidad limitada. El proyecto de Fabra', y 'Sobre la reforma de los esponsales desde el siglo XVI hasta nuestros días'. También trabajó con otros estudiosos del Derecho, como los exministros de UCD Fernando Suárez y Aurelio Menéndez, destacando sobremanera su relación con Francisco Tomás y Valiente, cuyo asesinato por ETA le causó una profunda y duradera pena.

Carlos Prieto puso en marcha en los años 70 una vieja idea suya sobre el ideal universitario y que llamó Seminario de Itinerarios Históricos. En él participaron profesores y alumnos, con una única condición, haber aprobado la asignatura de Historia del Derecho. Participaron estudiantes como Juan Cueto, Antonio Ripoll, Nacho Quintana, Santos Coronas, Fernando Corujedo, Ramón Punset, Gustavo Suárez Pertierra, profesionales que después fueron diplomáticos, catedráticos y políticos, bajo los auspicios del pensamiento de Miguel de Unamuno. Y es que el escritor y filósofo del 98 marcó su vida desde su juventud, por la estrecha relación que había mantenido su abuelo materno, Pedro González, con Unamuno cuando ambos coincidieron como catedráticos de Filosofía en la Universidad de Salamanca. En el despacho de Carlos Prieto había una foto de Unamuno y la frase que hacía referencia a que «los españoles deben conocer España». Esa era el 'leit motiv' de aquellos viajes en los que recorrieron el país y en los que cada alumno debía preparar una ponencia de un lugar, de un personaje o de un edificio, que posteriormente exponían y se enriquecían unos a otros.

Con motivo de su jubilación, en 2004, fue protagonista de un emotivo homenaje por parte de sus excompañeros y destacados alumnos y recibió varios premios en reconocimiento a su trayectoria, como el premio de la Escuela Asociada a la Unesco 'Aula de Paz-Camín de Mieres', por su contribución a la sociedad en diferentes ámbitos y por el fomento de la paz y los valores humanos, o la insignia de Oro del Colegio de Abogados y del Real Club Astur de Regatas. Pero los reconocimientos que más valoraba Carlos Prieto eran los que sus alumnos le otorgaban con frecuencia en la decada de los 70 y 80 con los premios 'Naranja', unos populares galardones que reconocían al profesor más afable. Y es que Carlos Prieto destacó por su bondad y generosidad y por su cercanía entrañable. Muchos alumnos acudían a su casa a recibir lecciones, a preparar exámenes o, simplemente, a escuchar sus consejos. También su coche se convertía en el medio de transporte habitual entre Gijón y la vieja facultad de la calle de San Francisco para muchos estudiantes, que recogía en la época del autostop en la salida a la autopista.

En una entrevista publicada en EL COMERCIO, con motivo de su jubilación, Carlos Prieto recordaba con enorme cariño a la Universidad, que entonces abandonaba después de 52 años. «Lo fue y lo es todo para mí. Tanto, que no sólo formó mi vida académica, sino que intervino en la forja de lo que hoy es mi familia. Allí conocí a mi mujer. Ella era estudiante de Filosofía y Letras y yo profesor, cuando toda la Universidad cabía en el Edificio Histórico. En el patio la conocí, paseamos, hablamos...y hasta hoy», recordaba.

Después de más de medio siglo de vivencias en la Universidad, Carlos Prieto incidía asimismo en que «la Universidad siempre ha sido muy abierta a la crítica, de ahí que siempre se dibujaran en ella los movimientos políticos y sociales. Tiene defectos y no tiene reparo en airearlos, incluso cuando no se aireaba nada. Con eso me quedo, con ese anhelo de crítica y de libertad. Y con su universalidad, con la posibilidad de estar en una cafetería con un profesor de Derecho, con otro de Económicas y en medio de cientos de estudiantes, algunos extranjeros. Eso sólo lo proporciona la Universidad».

Carlos Prieto estaba casado con la catedrática de francés María Dolores Grande, hija del médico colungués Fermín Grande Covián, y tuvo dos hijos, María, también profesora de la Universidad de Oviedo, y Carlos, periodista y jefe de Edición de EL COMERCIO.

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