Fallece Joaquín Aranda, el arquitecto apasionado de la historia y los juegos

Fallece Joaquín Aranda, el arquitecto apasionado de la historia y los juegos
Aranda, ante el 'anzuelo' de Begoña, con su libro 'Todos los futbolistas del Sporting', en 2009. / UCHA

Fue decano del colegio de Asturias en dos ocasiones y su mente incansable le llevó a mostrar la misma pasión por su profesión que por la investigación, la literatura y el Sporting

Aida Collado
AIDA COLLADOGijón

Quien no conoce a Joaquín Aranda (Gijón, 1946), conoce su obra. En forma de paseo, edificio, libro o juego. No hay en la villa quien no la haya vivido, quien no la haya disfrutado. El reconocido arquitecto falleció la noche del martes, dejando su firma en gran parte de una ciudad -la física y la narrada- que difícilmente podrá saldar su deuda. La que él rubrica, junto a otros autores, fue la remodelación más comentada del Paseo de Begoña, la que a principios de los noventa recuperó la primitiva pérgola de Los Campinos y convirtió una gran fuente ornamental, apodada como 'el anzuelo', en un símbolo del que siempre se mostró orgulloso. Además de consejero y contador del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, fue decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias en dos ocasiones: la primera vez, entre 1985 y 1987 y la segunda, entre 1993 y 1996. La institución, en la que también deja una profunda impronta, mostró ayer el pesar por su fallecimiento y trasladó su más sentido pésame a los allegados. Y son muchos.

Su muerte, a los 71 años, sume en la tristeza a su esposa, María Rosario Fernández-Nespral; sus dos hijos, Juan -quien durante un tiempo compartió estudio con su padre- y Reyes; y sus cuatro nietos, Lucía y Rubén Aranda y Diego y Elena de Lucas. Pero deja huérfanos a muchos más. A tantos amigos, dentro y fuera de la profesión. A su amado Sporting. El club fue de los primeros en dar muestra pública de su dolor por la pérdida de su seguidor incansable, que «entre otros valores, acuñó el de gran historiador sportinguista». Dos de sus infinitas facetas, la de divulgador y aficionado, se tradujeron en un libro de calidad extraordinaria -reconocían ayer los expertos en la materia- que realiza un repaso por todos los jugadores del equipo.

Aranda hizo el bachillerato en los institutos Jovellanos de Gijón y Cardenal Cisneros de Madrid y estudió pintura en el taller de Luis Pardo, quien le nombró albacea de su obra. Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid en 1970, su obra fue reconocida con diversos galardones, entre los que destaca el Premio Asturias de Arquitectura que recibió en 1991, por su Poblado Gitano en Siero, proyectado junto a José Manuel Espina Fernández, Carlos Viñuela del Olmo y Francisco Javier Hernández Cabezudo.

Este último guarda de aquellos tiempos incontables recuerdos de «un hombre alegre, que nunca perdió la ilusión», cuyo gusto por los juegos nunca se antojó discordante: «La arquitectura es como una yincana, hay que resolver obstáculos para avanzar». Además, una de sus publicaciones, el diccionario 'Autores de arquitectura en Asturias', en el que plasma biografía y las principales obras de 1.500 arquitectos de la región, fue reconocido con un accésit de los galardones asturianos en 2012.

Trabajó en el departamento de Planeamiento de la Oficina Regional de Proyectos del Ministerio de Obras Públicas en Oviedo, en la empresa privada ERCES- en la construcción de centros educativos- y fue director de la Oficina de Gestión del Área de Rehabilitación Integrada de Cudillero.

Vocación muy específica

Si no demasiado extensa, su obra como arquitecto sí fue «muy significativa». Su colega Cosme Cuenca pone de relieve el singular trabajo de Aranda con diferentes ejemplos: el edificio de gres oscuro que da forma a la intersección de las calles Concepción Arenal y Celestino Junquera, la rehabilitación de la comisaría de Policía Local -construida originalmente como parque de bomberos- en la calle San José. Un bloque frente al parque Isabel la Católica, donde él mismo residía, añade Hernández Cabezudo. «Joaquín como arquitecto tenía una vocación muy específica, orientada hacia la historia», glosa Cuenca. Pero, además, «era un hombre con una gran variedad de registros y muy divertido, de trato siempre fácil y agradable».

Formó parte de ACE Practice Committe del Conseil des Architectes d'Europa, del Consejo de Coordinación del XIX Congreso de la UIA Barcelona 96, de la Comisión de Recursos del Consejo Superior, del Consejo de Administración de Arquitasa, Sociedad de Tasaciones, de la Unión de Arquitectos Peritos y Forenses de España (Unión des Experts Architectes D'Espagne), de la Comisión del Patrimonio de Asturias y de la Fundación para la Calidad de la Edificación en el Principado de Asturias.

Devoción por la literatura

Sin embargo, la región le reconocerá y recordará en la Casa de Cultura de Infiesto. En el Centro de Empresas de Llanes. En medio Gijón: en las viviendas de La Estrella, un guiño permanente a la antigua fábrica de cerveza que antes ocupaba el solar de La Calzada.

Sentía devoción por la literatura, lo que le condujo a escribir ensayos sobre las disciplinas más variopintas, desde el fútbol a la genealogía, pasando por la arquitectura o el urbanismo, para desembocar en su última obra, una novela titulada 'Troncos muertos'.

Su amigo Fernando Alonso Vega fue uno de quienes ayer le lloraban. Les unieron décadas de juegos, desde que se conocieron a los quince años hasta hace unos días, «cuando aún nos ganó a la pocha». Alonso disfrutó de su faceta lúdica, la de jugador de cartas, de participante en yincanas -como las que él mismo organizaba en Gijón-, que le llevaron a Lisboa, Londres o Nueva York. La de los 14 de agosto en los que recibía a sus amigos disfrazados, para servirles la cena a la vez que les dirigía, en una improvisada puesta en escena de una obra de Agatha Christie, hacia la resolución de un misterio. Siempre uno distinto. O la de aquel verano que se armaron con una cámara y grabaron, escena a escena, su versión de Casablanca. Solo ahora cesará su mente incansable de buscar puzles, de presentarse a concursos de arquitectura. Decía que siempre había que permanecer engrasado. Y lo hizo. Su funeral se oficiará hoy, a las cinco, en la iglesia parroquial de La Asunción.

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