Fallece Pedro López, el profesor «sin el que el Doña Jimena no se entendería»

Pedro López estuvo vinculado treinta años al Jimena. / L. SEVILLA
Pedro López estuvo vinculado treinta años al Jimena. / L. SEVILLA

Artífice de la «puesta al día» del instituto, sufrió un infarto en su domicilio a los 59 años

SARA GARCÍA ANTÓN GIJÓN.

«Era un profesor maravilloso, muy buen compañero». La comunidad educativa del instituto Doña Jimena quedó ayer profundamente consternada por el fallecimiento, a los 59 años, de Pedro López. Un infarto se llevó al veterano docente, que llevaba casi tres décadas vinculado a este centro. Zaragozano de nacimiento, desarrolló prácticamente toda su trayectoria en la enseñanza en el Jimena, donde ayer recordaban su figura, conmocionados por esta pérdida. Aún sin terminar de creerse lo que había pasado.

A Pedro López, profesor de Arte, le quedaba un mes para jubilarse. En el instituto estaban preparando ya una celebración para rendir homenaje a un profesor sin el cual «no se puede entender» este centro educativo. «La historia del Jimena está asociada a un par de nombres propios y uno de ellos es el de Pedro López», reconocía ayer Cristina Lejarza, directora del instituto. «El Jimena sin él no se puede entender, era el pasado y el presente del instituto, también el futuro», añadía. No en vano, Pedro López fue el artífice de la revolución de suprimir el papel en este equipamiento y promover el uso de las nuevas tecnologías en el día a día. Fue, además, durante quince años, jefe de estudios del programa del bachillerato a distancia.

Experiencia y modernidad

Y allí donde estuvo dejó una huella imposible de borrar. «Era muy buen compañero, ayudaba a otros profesores, era un hombre supermoderno, actualizado en las nuevas tecnologías», incidían en la comunidad educativa del Doña Jimena sobre Pedro López, cuya actividad contribuyó de manera decisiva «en la puesta al día» del instituto. Un centro en el que a duras penas podían ayer articular palabra, afectados por su fallecimiento. «Hizo del Jimena lo que es. Un instituto pionero».

Y lo hizo, señalaban, siempre con una sonrisa, con buenas palabras y ayudando a quien lo necesitaba. «Era el amigo que tienes en el centro», apuntaban. Ese que siempre está ahí cuando se precisa su apoyo.

«Además, asumía sus labores con un impagable sentido del humor, que dejaba traslucir en cuanto tenía ocasión». También en la página web del instituto, que él mismo se encargaba de actualizar y en la que colgaba imágenes divertidas para acompañar algunas de las informaciones sobre el centro que trasladaba a la red de redes.

Casado, la muerte le sorprendió en su casa. Mientras leía en su ipad. Fue su mujer, María Carmen Ojinaga, profesora jubilada desde el año pasado, quien se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.

Junto a ella, y sus amigos, realizó innumerables viajes. Era un apasionado de Italia. «Y siempre que podía se llevaba a los alumnos de bachillerato con él» a este país. El año pasado, sin ir más lejos, se había ido con sus tutorandos a la ciudad de Roma. A sus amigos les decía que en cuanto se jubilara se iba a dedicar a viajar sin descanso con su mujer, «su gran amiga y cómplice en la vida».

«Se merece todos los homenajes del mundo», aseguraba ayer la directora del IES Jimena. Y en el instituto que dirige, tratando de sobreponerse al intenso dolor, están ya pensando en brindarle ese reconocimiento. Un tributo a un profesor que aunaba «experiencia y modernidad» y sin el cual la historia del Jimena hubiera sido otra.

La capilla ardiente quedó instalada en el tanatorio de Cabueñes, en la sala seis. Sus restos mortales serán incinerados. Esta prevista la ceremonia de la celebración de palabra en ese mismo tanatorio mañana a las doce del mediodía.

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