Feligreses de la Iglesiona piden al Consistorio que «sume su voz» para recuperar los tesoros

Iglesia de La Merced de Burgos, presidida en la actualidad por la cruz de la paz de Miguel Blay y el sagrario costeados por los gijoneses para la inauguración de la Iglesiona.
Iglesia de La Merced de Burgos, presidida en la actualidad por la cruz de la paz de Miguel Blay y el sagrario costeados por los gijoneses para la inauguración de la Iglesiona. / E. C.

Recuerdan que la cruz y el sagrario llevados por los jesuitas en 1998 y ahora exhibidos en un templo de Burgos «constituyen un patrimonio de Gijón»

ADRIÁN AUSÍN GIJÓN.

Los feligreses de la Iglesiona han dado un paso más en su campaña para recuperar el sagrario y la cruz de Blay originales del templo, llevados por los jesuitas en 1998, y han decidido reclamar la implicación del Ayuntamiento, al que solicitan públicamente que «sume su voz» a esta demanda. Según recuerdan, ambas piezas concebidas para la inauguración de la basílica del Sagrado Corazón de Jesús en 1924 y costeadas por los propios ciudadanos «constituyen un bien patrimonial de Gijón y como tal también parece lógico que sean reclamadas por la máxima autoridad de la ciudad», argumentan.

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A su juicio, tanto la valiosa cruz de la paz de Miguel Blay, obra maestra del escultor catalán, admirada por el propio Alfonso III; como el sagrario de oro, plata y maderas nobles fabricado con alhajas de los gijoneses con la propia reproducción de la Iglesiona en su frontal son dos bienes que «deben volver a la ciudad», ser objeto de culto en el lugar para el que fueron concebidos e, incluso, formar parte de recorridos culturales artísticos de las creaciones del siglo XX en una ruta que, apuntan, «bien podría hermanar a la Laboral con la Iglesiona».

Este nuevo paso al frente se produce después de que la Compañía de Jesús manifestase el pasado martes a este periódico que «no es fácil» encontrar una solución que resuelva todas las circunstancias actuales». Desde la sede nacional de la orden, manifestaban su comprensión ante la demanda de los gijoneses, pero advertían que el sagrario y la cruz «son venerados y cuidados en una iglesia (de Burgos) que tuvo necesidad perentoria de ellos (por haber sufrido un incendio)». En Gijón esta alusión a «todos los flecos pendientes, que son muchos» se considera una mera maniobra dilatoria en tanto que el planteamiento avalado por 1.460 firmas es que los jesuitas «cedan» las piezas a la Iglesiona, manteniendo su propiedad, y se lleven las que dejaron en su día a cambio, con lo cual el templo de Burgos no quedaría desasistido en ningún momento.

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