Fernando Llenín oficia su primera misa en una iglesia de San José repleta

Fernando Llenín, en su nueva iglesia. Aurelio Llorens, detrás.
Fernando Llenín, en su nueva iglesia. Aurelio Llorens, detrás. / E. C.

Doctor en Teología, toma el relevo de Adolfo Mariño, que ha pasado a ser el abad de Covadonga

E. C. GIJÓN.

Completamente llena. La iglesia de San José acogió ayer la celebración de la primera misa de Fernando Llenín como párroco y los fieles se volcaron para darle el mejor recibimiento posible.

Todos los bancos repletos y asistentes incluso en los pasillos, sentados en los laterales, y, de pie, en la zona superior del templo. Todos atentos a la ceremonia con la que estrenaron párroco. Fernando Llenín (Santander, 1955) tomó posesión de su nuevo cargo arropado por el cariño de los fieles y por el arcipreste de Gijón, Aurelio Llorens. Llenín cogía el testigo así de Adolfo Mariño, quien dejaba este puesto para convertirse en el nuevo abad de Covadonga.

Llenín llega a la iglesia de San José después de dieciocho años dedicado a la parroquia de San Francisco de Asís, en Oviedo, donde su quehacer como párroco ha dejado un grato recuerdo entre sus feligreses de la capital. Inicia esta nueva etapa coincidiendo con la fiesta de la Transfiguración del Señor. Doctor en Teología y delegado episcopal para la Cultura y Nueva Evangelización, de momento, ayer pudo constatar el cariño con el que le recibieron sus nuevos feligreses.

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