«Al final, era todo coger el ritmo»

Participantes y tutores del curso impulsado por el Secretariado Gitano, en el jardín del parador Molino Viejo. / E. C.

Doce jóvenes gitanos hacen prácticas en dos empresas de bricolaje y decoración

PALOMA LAMADRID GIJÓN.

Amparo Jiménez no podía imaginar que, sin haber terminado la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), conseguiría un trabajo en una multinacional. Pero, desde el lunes, esta avilesina de 23 años y de etnia gitana ocupa un puesto en el servicio de atención al cliente de Ikea. «Estoy muy contenta, no me lo esperaba para nada». Amparo pronunció estas palabras de alegría tras recoger el diploma que acredita su participación en la segunda edición del programa 'Aprender trabajando', una iniciativa organizada por la Fundación Secretariado Gitano y Cruz Roja destinada a mejorar la formación y las oportunidades de empleo de jóvenes en dificultad social y sin cualificación. Pese a sus carencias formativas, Amparo se adaptó rápidamente a sus tareas en la compañía sueca. «Fue muy fácil porque mis compañeros eran muy atentos y, al final, era todo coger el ritmo», explicó.

Las ganas de aprender de esta joven hicieron que aguantase la dura rutina que suponía acudir cada día, durante cinco meses, a su centro de trabajo, ubicado en Siero. En total, tardaba cuatro horas en llegar, puesto que no le quedaba más remedio que tomar dos autobuses y un tren para estar puntual en su puesto. Este contrato, además, ha supuesto un revulsivo para ella: «Espero acabar la ESO, ya que conseguí trabajo. Y también quiero sacar el carné de conducir», apuntó. Ramón Escudero compartió programa formativo con Amparo y ahora es su compañero de trabajo. «No me lo esperaba porque me quedaban horas para terminar cuando mi jefe me lo comentó. Me dijo que ya había demostrado lo que valía», señaló orgulloso el nuevo empleado del departamento de orden en casa. Ramón también tiene intención de completar su formación para tener más oportunidades en el futuro. «Voy a apuntarme a las pruebas libres de la ESO», apuntó.

La única experiencia laboral de Kevin Gabarri hasta su llegada a Bricomart, empresa especializada en productos de construcción y bricolaje, se limitaba a la venta ambulante en mercadillos para echar una mano a su familia. Pero este ovetense de 18 años aspira a convertirse en fontanero. Aseguró que lo que más le costó a la hora de realizar las prácticas fue desenvolverse a la hora de tratar con los clientes. «Y lo que más me gustó fue cómo me enseñaron a trabajar mis compañeros», destacó.

Mayoría de mujeres

Alba Jiménez, gijonesa de 21 años, quiere enfocar su formación al trabajo con niños tras estar al cargo de la ludoteca de la compañía sueca. A Nerea Larralde, por su parte, sus prácticas le sirvieron para aprender disciplina. «Lo más difícil es llevar una rutina. Yo antes llegaba tarde a todos los sitios», indicó. Doce jóvenes de entre 18 y 30 años -siete mujeres y cinco hombres- concluyeron este programa, que también incluía un mes de clases teóricas, aunque fueron veinte los que la iniciaron. Ayer recogieron sus diplomas en el parador Molino Viejo llenos de orgullo y con un currículum recién estrenado en la mano.

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