«Fombas se entregaba a los demás sin letra pequeña ni condiciones»

Los padres, hermanos, cuñados y sobrinos de Juan Fombona, en los primeros bancos, durante el funeral oficiado en San Julián. / JORGE PETEIRO
Los padres, hermanos, cuñados y sobrinos de Juan Fombona, en los primeros bancos, durante el funeral oficiado en San Julián. / JORGE PETEIRO

Amigos de Juan Fombona arropan a la familia en una iglesia de San Julián abarrotada. «Tu risa, la más graciosa del mundo, se escuchará en el cielo»

PALOMA LAMADRID GIJÓN.

«Hoy el cielo está de enhorabuena porque llega mi amigo». Así comenzaba el emotivo texto que los amigos de Juan Fombona, en boca de uno de ellos, le dedicaron durante el funeral que se ofició en su memoria. Todos los bancos de la parroquia de San Julián de Somió se llenaron, de modo que algunos asistentes debieron seguir el acto religioso desde el fondo del templo. Una muestra del afecto que despertaba el gijonés fallecido, a las cuatro de la madrugada del sábado, víctima de un atropello mortal.

El accidente ocurrió a solo unos metros de la iglesia, como recordaban la vela y el ramo de flores colocados para honrar a quien perdió la vida, de forma prematura, a los 38 años. El cielo huele ahora a «puritos y cervezas de importación», añadió el integrante de la pandilla de Juan encargado de poner voz al sentimiento de todos sus amigos. Destacó su amistad, «que no es una cualquiera», porque Fombas, como le llamaban cariñosamente, se entregaba a sus allegados «sin letra pequeña y sin condiciones».

«El cielo está de enhorabuena porque llega el hijo de Ovidio y María Luisa, el hermano de Fernando y Beatriz», prosiguió el emotivo mensaje que encogió los corazones de los presentes. La pandilla del fallecido hizo piña para arropar a la desconsolada familia. «Que se preparen allá arriba porque les esperan aventuras, batallitas...», como las que guardan en su memoria aquellos que compartieron momentos de su vida con Juan. «Tu risa, la más graciosa del mundo, se escuchará en el cielo», señaló su amigo. Porque su risa ha sido una de las características más recordadas por sus seres queridos en estos días de duelo. Especial, contagiosa. Marca inconfundible de Juan.

El hueco que deja es enorme. Porque «nuestro amigo Fombas era una de las mejores personas de Gijón». Una zona de la ciudad, Somió, sintió especialmente la pérdida del gijonés. Residía en el domicilio familiar, situado en el camino de Fojanes, junto a sus padres. En la casa a la que regresaba la noche en la que falleció en la avenida de Dionisio Cifuentes después de salir del pub Baffi, adonde había acudido con sus amigos tras ir de cena. El párroco de San Julián, Luis Muiña, ofreció su consuelo a la familia. En su homilía, explicó que «las lágrimas, el dolor, la frustración e, incluso, el enfado son reacciones humanas, pero también tienen algo de divinas».

Sentidas palabras

El sacerdote señaló que Fernando, el sábado, aseguraba que su hermano iba a ser recordado «por haber sido una buena persona». En esos momentos, horas después de conocer la muerte de Juan, su madre le indicó al párroco que «en casa siempre tenían el Corazón de Jesús». «Eso quiere decir que sois gente de fe», les dijo. Por ello, les animó a refugiarse en sus creencias... «Aunque no podamos entender por qué da estos golpes tan fuertes la vida», añadió el párroco.

Al final de la ceremonia eclesiástica, a la que aportaron también emoción las intervenciones del coro, un grupo de amigos y el hermano de Juan portaron el féretro hasta el exterior, donde se encontraba el vehículo funerario que trasladó los restos mortales al tanatorio de Cabueñes para su incineración. Allegados y familiares abandonaron el templo con las palabras de la pandilla de Juan aún en su cabeza: «Bienvenido al cielo, querido amigo».

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