«Los fracasos enseñan muchísimo, aunque duelan como el demonio»

Rosabel Berrocal, sobre el escenario del Teatro Jovellanos. / JORGE PETEIRO
Rosabel Berrocal, sobre el escenario del Teatro Jovellanos. / JORGE PETEIRO

Rosabel Berrocal, Realizadora de Producción de Divertia, se jubilará en octubre: «Me gustaría que hubiera una compañía estable ligada al Jovellanos»

LAURA CASTRO GIJÓN.

Sus primeras tomas de contacto con el escenario no fueron tan buenas como esperaba, pero Rosabel Berrocal (Gijón, 1953) no se rindió y trabajo «duro» para poder dedicarse en cuerpo y alma al teatro. Ahora, tras más de cuarenta años dedicada a este arte, la actriz, directora y productora se jubila en octubre -es, de momento, directora de Producción de Divertia- con la esperanza de que algún día haya una compañía «estable» ligada al teatro Jovellanos.

-¿Cuándo y cómo se enamoró del teatro?

-Cuando era niña y a través de la radio. Había dos maravillosos programas: 'El teatro en el aire' y 'Teatro en las estrellas'. Cuando llegaba la hora de irse a la cama, encendía la radio de mi mesita de noche y allí estaba, como un clavo. Así conocí a grandísimos actores de radio y una extraordinaria literatura. Desde que recuerdo, mi vida siempre ha estado ligada al teatro. Con siete años, ya era empresaria. Organizaba espectáculos en el portal de mi casa y cobraba entrada. De trabajar gratis nada, yo ya era profesional.

-¿Cómo fue su primera vez sobre un escenario?

-La primera vez que pisé un escenario cantaba flamenco acompañado al piano. En todos los ensayos había salido muy bien, pero el día que tenía que actuar tuve una afonía a causa de los nervios y fue tremendo. Me pasó a lo largo de mi carrera más de una vez. La primera aparición pública real fue cuando estaba en La Máscara Juvenil, con catorce años. Se trataba de homenajear a Rubén Darío y recité la 'Oda a Walt Whitman', pero me tracamundié y ahí obtuve mi primera crítica teatral en prensa... Me pusieron a parir.

-Pero no se rindió...

-Soy de las que piensan que los fracasos enseñan mucho, aunque duelen como el demonio. Aprendí que hay que trabajar más y hacer las cosas de la mejor manera posible.

-No obstante, inició la carrera de Medicina...

-Sí, pero la dejé. Me casé y tuve una hija, eran otros tiempos. Después, me licencié en Psicología con cincuenta años. Nunca es tarde para estudiar.

-¿Le quedó la espinita clavada?

-Sí, pero estudiar Medicina cuando ya estabas metida en el mundo del espectáculo, tan absorbente, era impensable. De todas formas, empecé esa carrera para encaminarme hacia la psiquiatría. Nunca quise, por ejemplo, ser pediatra. Lo que siempre me ha interesado es la gente. Por eso tengo este amor al teatro.

-Sin una escuela de teatro en Asturias, ¿cómo se formó para ser actriz y directora?

-Aprendí muchísimo en Telón de Fondo. Los grupos de teatro de Asturias nos uníamos y traíamos profesores de fuera. Fue una época preciosa, en la que había un compañerismo extraordinario. Telón de Fondo trajo directores de fuera, como Castronovo, del que aprendí muchísimo. Yo ya estaba dirigiendo y actuando a la vez porque no teníamos recursos, pero a partir de ahí me convertí más en directora que en actriz. Me gusta más, es un proceso creativo maravilloso que también me permitió abrir el abanico hacia el mundo de los festejos de la mano del Ayuntamiento. Lo más bonito es trabajar en coordinación con un equipo de personas y tuve la suerte de hacerlo con gente maravillosa y con muchísimo talento.

-Después de toda una vida dedicada al espectáculo, ¿qué balance hace? ¿Le quedó algo pendiente?

-Lo más positivo es que he tenido una vida profesional muy rica. No soy famosa ni lo he pretendido, pero tuve la suerte de que siempre quise dedicarme al teatro desde Asturias y lo logré. Sin embargo, mi sueño siempre fue ver una compañía estable ligada al Teatro Jovellanos, pero es muy difícil. Las que hay trabajan de una forma muy precaria, tienen muchísimo mérito. Espero que algún día los actores y actrices puedan dedicarse a lo suyo de manera continuada y para ello necesitan algo tan sencillo y complicado como tener actuaciones.

-Tiene cerca la jubilación. ¿Qué es lo que más va a echar de menos?

-A mis compañeros de trabajo. Llegar por la mañana y tener una broma, reñir de vez en cuando... Pero seguirán estando allí. Voy a seguir disfrutando igual de todo lo que he estado organizando, pero como público. La cabalgata de Reyes y 'las Sardinas' seguirán haciéndose y puedo decir que hay un equipo de gente muy bueno que abarca todos los campos. La gente no es consciente de todo lo que se tiene en cuenta a la hora de crear un espectáculo.

-¿Un ejemplo?

-Lo primero que compruebo antes de cualquier festejo que se vaya a llevar a cabo en la calle son las alcantarillas, pues siempre hace falta un punto de agua. La limpieza es fundamental también y la gente de Emulsa es extraordinaria, me flipa el trabajo que hace. Siempre que he necesitado ayuda de cualquier servicio del Ayuntamiento, la he tenido. No nos imaginamos la calidad humana y profesional que hay detrás.

-Y, ahora, ¿en qué va a ocupar su tiempo?

-Me dedicaré a organizar eventos y festejos, pero en mi casa. Estoy deseando hacer una fiesta de Halloween para mis nietos. Mi cerebro necesita alimentarse constantemente, es lo que hace que me sienta viva. Por eso, quiero seguir estudiando, viajar, cocinar... En fin, hacer todas esas cosas para las que no he tenido tiempo hasta ahora.

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