Adiós al «arquitecto de la vida»

La familia de Joaquín Aranda, en los primeros bancos del templo, mientras las cenizas del arquitecto reposan ante el altar./AURELIO FLÓREZ
La familia de Joaquín Aranda, en los primeros bancos del templo, mientras las cenizas del arquitecto reposan ante el altar. / AURELIO FLÓREZ

El funeral por Joaquín Aranda llena la iglesia parroquial de la Asunción

Chelo Tuya
CHELO TUYAGijón

A Fernando Fueyo, el párroco de San Nicolás de Bari y capellán del Sporting, se le quebró la voz. Su irreductible ánimo pareció fallar en la despedida de un hombre a cuyos hijos, Juan y Reyes, casó y a cuyos nietos, Lucía, Rubén, Diego y Elena, bautizó. «Fui compañero de su mujer, Charo Fernández-Nespral, como profesores en el Instituto Calderón de la Barca y a él, claro, a él me unía el Sporting».

Porque Joaquín Aranda (Gijón, 1946), cuyo funeral dejó pequeña la iglesia parroquial de la Asunción, fue mucho más que un diseñador de edificios y espacios, un historiador local, un escritor o un impenitente seguidor del Sporting. «Fue un arquitecto del a vida», según palabras de Eduardo Jiménez. El párroco de la Asunción se encargó de presidir un funeral en el que participó Fernando Fueyo y que contó con la asistencia de numerosos amigos y compañeros que quisieron arropar a la familia.

«Lo mejor de Joaquín es la herencia humana que nos deja. Fue un modelo a seguir»

Rostros del mundo de la arquitectura, como el arquitecto municipal Ovidio Blanco o Vicente Díez Faixat, entre otros muchos, compartieron espacio con otros de la enseñanza, como las profesoras Loli Aláez o Amparo Martín, o del deporte, como Claudio, el veterano portero del Sporting, que aparece en uno de los libros que más trabajo de investigación llevó a Joaquín Aranda, 'Todos los futbolistas del Sporting. Diccionario de jugadores 1917-2009'.

«Lo mejor de Joaquín es la herencia humana que nos deja. Un hombre que se convirtió en un modelo a seguir», aseguró el párroco de la Asunción, que llegó a pedir «perdón a la familia por si no encontramos palabras para definir todo lo que su marido y padre significó».

Un significado que no solo se traduce en edificios como los de la Estrella, en El Natahoyo, los primeros 'rascacielos' del barrio, o el cuartel de la Policía Local, concebido como Parque de Bomberos, o en el renovado paseo de Begoña, con el 'anzuelo' que enganchó a la afición del Sporting como fuente fetiche para festejar las victorias rojiblancas.

Además de esas obras «físicas», Joaquín Aranda dejó «un modelo a seguir. Generoso al compartir todo lo que tenía», ponderó el párroco de la Asunción, quien equiparó la obra del gijonés «a la obra de Dios. Como él, diseñó un jardín para que todos lo usáramos. Como él, fue generoso en su vida».

«Estaba malín»

Una generosidad que sus amigos quisieron agradecer ayer participando tanto en el funeral, donde fueron bendecidas sus cenizas, como en velatorio celebrado en el Tanatorio de Cabueñes y por el que pasaron innumerables personas. «Estaba malín», comentaban ayer sus más cercanos antes de la ceremonia religiosa, «pero no dejó de ser un ser humano modelo ni en el dolor ni en el sufrimiento», precisó Eduardo Jiménez.

Una huella que dejó tanto como consejero y contador del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, así como decano, en dos ocasiones, del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias, así como profesional de éxito, galardonado con el Premio Asturias de Arquitectura en 1991, por su Poblado Gitano en Siero, y entre la comunidad católica. «Era uno de los nuestros y nosotros también tenemos que sacar pecho por los mejores, y él lo era», recordó el párroco de la Asunción. «Nunca dejó de venir por la parroquia», apuntó Fueyo.

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