El fútbol base cede y acepta compartir el uso de los campos y las nuevas tarifas

Jesús Martínez Salvador, de espaldas, ayer con los presidentes de los clubes de fútbol base. / DANIEL MORA

Los equipos «invitados», aún no todos asignados, dispondrán de tres horas a la semana para entrenar y las cuotas serán iguales para todos

ANDRÉS PRESEDO GIJÓN.

Los campos municipales de fútbol base ya no tendrán el uso exclusivo, como hasta ahora, para los equipos que los gestionaban. A partir de esta temporada, deberán compartir las instalaciones con otros conjuntos de la ciudad que no gozaban de este privilegio y que, aunque sea de forma parcial, sí tendrán acceso a unos equipamientos públicos que, hasta la fecha, les estaban prohibidos.

Podrán entrenar en los ocho campos municipales y, además, pagarán una tarifa unitaria impuesta por el Ayuntamiento de Gijón. De esta forma, el modelo de gestión de los campos de fútbol base municipales cambia de manera sustancial respondiendo al mandato de un acuerdo del pleno municipal que abogaba por acabar con una exclusividad de uso por parte de unos equipos que, a entender de la mayoría municipal, suponía una clara discriminación hacia otros que deberían tener el mismo derecho, pero que, en la práctica, no era efectivo.

La negociación con los equipos que gestionan los campos municipales no ha sido sencilla. De hecho, se prolongó durante meses ya que todos ellos alegaban que no podían dar entrada a otros conjuntos en «sus» campos porque los tenían ya completos con sus propios equipos y así lo demostraron con los cuadrantes que les solicitó el Patronato Deportivo Municipal. Finalmente, tras una reunión celebrada ayer con los presidentes de los ocho clubes y presidida por el concejal delegado de Deportes, Jesús Martínez Salvador, se salvaron todos los obstáculos. Lo que hace semanas parecía insalvable, ayer se solventó en apenas dos horas. El resultado es que cada equipo con campo municipal cederá las instalaciones tres horas a la semana al equipo «invitado» que le sea asignado para que pueda entrenar. Eso sí, en la mayoría de los casos esos entrenamientos serán a partir de las nueve de la noche para no interferir en el trabajo de sus propios equipos y que, por supuesto, no tengan que suprimir ninguno de sus planes.

En cuanto a las tarifas, por entrenamiento cobrarán 19 euros, en el caso de que se utilice medio campo, y 38 euros si se utiliza campo entero, una cantidad que algunos presidentes consideran «ridícula» y aseguran que «ni de lejos» cubrirá los gastos solo de luz, agua caliente y limpieza que originarán los jugadores en cada entrenamiento. Con todo, aunque con el claro disgusto y malestar de algunos de los presidentes, las medidas municipales fueron aprobadas y serán operativas en próximas fechas. Con ello, como queda dicho, se acaba la exclusividad de uso de las instalaciones municipales que viene de lejos, de tiempos de la gestión socialista en el Ayuntamiento de Gijón, que creó campos de fútbol base asignados a equipos concretos, con convenios en precario que aún están en vigor.

Adiós al derecho de admisión

De esta forma, con el paso de los años, se creo una especie de «derecho de admisión» que no permitía a otros equipos de la ciudad acceder a las instalaciones municipales, aunque no tuvieran un campo digno donde entrenar y jugar sus partidos. Cada uno se fue buscando su propio acomodo, caso actual del San Lorenzo y el Estudiantes, y otros buscaron el cobijo de los campos de la Federación en Roces. Muchos equipos, ahora, ya no quieren cambiar. Otros, en cambio, están dispuestos a «entrar» en los campos municipales, al menos hasta que el desarrollo de los nuevos proyectos del Ceares y la Laboral supongan una nueva reordenación. Así, el Ceares, de Tercera, irá a entrenar al Tragamón y, por ejemplo, La Calzada hará lo propio en Santa Cruz, en el flamante césped artificial recién estrenado y que fue pagado con fondos municipales.

Otros equipos, ahora que ya se ha cerrado un acuerdo, esperan su destino. Al menos tres horas semanales podrán disfrutar de unas instalaciones públicas y municipales. Ello no supondrá mucho perjuicio para los actuales gestores de los campos, pero el simbolismo está claro. La exclusividad se ha terminado.

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